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¡Bendita la ciencia! ¡bendito el progreso! ¡mil veces bendita la electricidad! ¿Pero el automóvil? ¡No paso por eso, ni yo estoy conforme con la novedad! La máquina nueva me tiene indignado. No parece coche; parece un vagón que por esas calles va descarrilado, repartiendo sustos por la población. Le falta el arranque; le falta la vida; le falta esa marcha que no es siempre igaal ¡Le falta la fusta; le falta la brida; le falta la sangre del noble animal! El trojioo que airoso las calles pasea, y que relinchando sacude la crin; el bruto que inquieto el suelo golpea y en chispas deshace el duro adoquín. El potro gallardo; la jaca valiente que esconde el hocico mordiendo el pretal; que para el galope ó arranca de frente, esclava del hombre, sumisa y leal. La yegua de sangre, viva y juguetona, que va pregonando su justo valor; que no necesita de escudo y corona que canten los timbres del dueño y señor. El coche sin vida ó locomotora, con la oculta fuerza que impulso le da, es, más bien que coche, apisonadora que el movido suelo asentando va. Es un impedido que va fatigoso sobre cuatro ruedas andando sin pies. ¡Guerra al automóvil triste y silencioso, y viva el inquieto potro cordobés! JOSÉ J A G K S O N DIBUJO DE X A D O A E Ó VEYÁN i S -V- 0