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CHIETITJLS ¡CUENTO CON MORALEJA) Chinitas era tm pobre chico y un chico pobre; lo que se ha llamado siempre un granuja; lo que hoy sé llamaría un golfo. Tenía once años, pero tan chiquitillo, tan desmedrado, tan poca cosa parecía, que no aparentaba ni ocho: uno de esos míseros seres á quienes les cuesta trabajo vivir: entran en! la vida á empujones y de mala gana. Bien mirado, bien vestido y con la cara limpia no liubiera sido feo, y más bien hubiera sido bonito; ¡lero tal como la fatalidad le había arrojado al arro o, era un montonoillo de harapos, de suciedad y de miseria alrededor de dos ojos grandes, hermosos y tristes. De todas las hermosuras del cuerpo, la que más resiste es la de los ojos. ¿Por qué será? Además Chinitas en el fondo era muy bueno, y en la superñeie era muy dulce: una de esas piedrecillas lisas y bonitas que ha caído en el lodo y que allí se queda si una mano cariñosa no la recoge. Digan lo que quieran ciertos filósofos, hay seres que nacen buenos y otros que nacen malos, y Chinitas era bueno. ¿No hay días que amanecen azules y llenos de luz, mientras otros amanecen negros y tempestuosos? Pues el alma de Chinitas había amanecido luminosa y azul. i Pero la timidez del pobre granuja era invenf cible. No era él de los que hubieran proclamado el derecho á la vida. Bien al contrario, Chinitas sintió instintivamente que vivía por gracia especial, por condescendencia de los hombres, í de limosna pudiera decirse: y, en efecto, de limosna vivía. Pero ni para pedir limosna tenía ánimos: le daba miedo, vergüenza y hasta repugnancia pedir. Debió tener padres, aunque nunca se supo quiénes fuesen. Brotó un día de pronto en la vía pública á los cuatro anos, en compañía de una pordiosera, que quiso explotarle para la mendicidad; y el pobreoillo resultó mutil, cobarde, imbécil, torpe. 8 e nace con disposición ó sin ella para todos los oficios, y resultó que Chinitas no mostraba disposición alguna para el oficio de mendigo. Lo hemos dicho, era muy tímido: no se atrevía á cerrar el paso á. los transeúntes, ni siquiera les asaltaba de costado: el orden oUicuo de ataque le era desconocido. Caminaba detrás, sin pronunciar una palabra- extendía una manita y con la otra se limpiaba los ojos. Realmente éste no es modo de pedir, y la mendiga le castigaba cruelmente por su torpeza ó mor su mala voluntad. ¡Qué diablo de chico y qué inútil! Al fin, cansada de pegarle, le abandonó, y otra vez se eclipsó Chinitas. Cuatro años después volvió á presentarse a n t e e l público: ya tenia ocho años. Y siempre tímido, encogido, sin alientos más que para acurrucarie en un rincón, abrir mucho los oíos v dejarse morir de hambre. J J c; Un ratero caritativo quiso instruirle: en todas las esferas hay almas misericordiosas. Pero Chinitas era torpe para el robo como era torpe para el pordioseo. En fin, después de muchos meses de aprendizaje y de recibir no pocos golpes, poique la enseñanza del moderno Monipodio era concienzuda y hasta clásica, adquirió Chinitas cierta habiHdad técnica. Y manos á la obra, o de otro modo, manos al pañuelo. Un señor pasaba: el granujilla fué detrás y le quitó el pañuelo, rematando la suerte con toda limpieza- la victima siguió su camino. Pues bien; en aquel momento supremo del arte, cuando un verdadero artista lo que siente es orgullo, se queda parado Chinitas con el pañuelo en la mano y se pone á gritar: Señor, señor aue se le ha caído á usté el pañuelo. o J -i El caballero se vuelve, recoge su prenda, le da unos cuartos al chico y continúa su camino ¿Qué hace un profesor que se ha sacrificado por la instrucción de su discípulo en semejante caso Lo aue hizo el de Chinitas: quitarle los cuartos y expulsarle á cachetes de la cátedra: es decir, que á moiicones le hizo pasar de una acera á otra y le abandonó para siempre, como le había abandonado la pordiosera ¡i obre Chinitas, expulsado ignominiosamente por inepto de todos los centros de enseñanza Por otros tres años perdemos de vista á Chinitas: de tan importante personaje nada dicen en todo este neríodo los anales de la villa del oso. Criando de nuevo se presenta tiene ya once años. ¿Cómo ha vivido y cómo vive Probablemente como los pájaros en el aire ó los perros callejeros en la villa y corte; y no porque el pobreoillo no procure trabajar: a veces se le ve vendiendo arena, otras veces haciendo mandados, y en ocasiones lavando platos y vasos en alguna taberna ó figón. Hace lo que puede, pero puede muy poco: es tímido, vergonzoso, cobarde, apocadísimo.