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dije yo. -Bautista, ¿se tomaría nsted una copita de cognac? ¡Ay, señor, creo que me curaría! Le di una copita de Martel á las seis de la tarde: le sentó muy bien; le di otra á las diez: se reanimó; otra al salir el sol á los cuatro días estaba regando el jardín, cantando un cacho de ópera. Mis paisanos lucharon con el cólera cara á cara. Cuando más casos había en Zaragoza, se reunieron unos cuantos amigos y dijeron: ¿Qué es lo que prohibe el cólera? ¿La fruta? ¿Las comidas esas que ice el periódico? ¡Pues á ver quién pué más! i A nosotros no nos pone nadie la ley! Por la mañana se comían una fuente de escabeche y una ensalada de pepinos; por la tarde escabeche otra vez, pimientos y tomates, molocotones en vino, y encima un jarro de leche. ¡No se murió ni uno! D. Narciso Campillo me recordaba anoche el caso del barquero inglés Tomás Parr, que vivió remando ciento cincuenta años. Se casó á los noventa y ocho con una muchacha de dieciséis. Este hombre era muy sobrio; comió toda su vida un poco de pescado, un pedazo de pan, y bebió agua á pasto. Puede ser que viviera todavía si un amigo no le hubiera llevado una tarde á una taberna, donde comieron en grande y Parr bebió un vaso de vino. Y allí se qnedó. Si á este hombre en épocas de peste le hubieran obligado á variar de alimentación ó de remedios y á tomar preservativos ó medicamentos, no llega á los treinta años. No; no hay que variar la vida; hágase siempre lo mismo, y espérese á las pestes con tranquilidad y con limpieza, porque lo que mata no es la peste, sino el horror á lavarse, la ropa sucia, los retretes en las cocinas, el hacinamiento de personas, la poca costumbre del aseo. Aquí, donde tuvimos un rey dueño del mundo, célebre en la historia, que se murió comido de gusanos porque estaba reñido Con el agua, la nación ha sido siempre sucia, como si el lavarse fuera pecado. ¡Eso es lo que hay que combatir, eso! ¿Pero suprimir tales ó cuáles cosas, privarse de tal comida ó tal bebida, vivir en tortura de gustos? Eso no prueba nada. Haga cada cual lo que haya hecho siempre, coma lo que siempre haya comido, beba lo que tenga costumbre, y si tiene dinero prefiera siempre el vino á seis pesetas botella, i porque ese es el que ha salvado á muchas familias! EusBBio BLASCO DiBBJOa DE X A U D A R Ó