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La reina Isabel suele decir para justificar lo rutinario de su vida: -Maruja se llamó mi abuela, Maruja se llamó mi madre, y Maruja me llamo yo. Pues este proverbio castellano hay que aplicarlo, con permiso de los médicos, á las circunstancias presentes. Por todas partes, en todos los periódicos oímos y leemos que contra la bubónica ó contra la tifoidea (dos primas lierm. anas que nos han venido del pueblo) que hay que privarse de esto, y privarse de lo otro, y no beber tal agua, y no abusar de tal vino Créame el pío, bayo ó blanco lector. No debe el hombre variar sus costumbres, gustos, usos ni alimentación, porque eso precisam. ente es lo que mata. Obsérvese los años que viven los labradores, las monjas, los borrachos y los loros. ¡Es porque comen y beben siempre lo mismo! Se saca de su aldea á un honrado patán que tiene la costumbre de comer poco y beber agua de la fuente: se le trae á Madrid y se le da de comer una semana en Fornos, y el infeliz, ó enferma ó se muere. A cualquiera de nosotros, acostumbrados á la buena mesa, tabaco, café, cerveza, cognac, conversación de última hora, lectura de periódicos y corte de vestidos á los amigos, si se nos encierra por un año en una celda del Escorial y rio se nos da más que arroz con sal, pan y agua y un libro de Teneduría de libros por toda lectura, ¡nos quedaremos como una angula ó nos moriremos de melancolía! Cualquiera que vaya al Casino de Madrid á última hora verá socios de ochenta años cenando fuerte, y habiendo vencido á todas las pulmonías que se entretienen en coger los tontos. Hay generales de ochenta y pico de ales, que lo mismo se comen una docena de buñuelos que firman una circular. Hay un socio que tiene noventa años, y le suelo ver tomándose un vaso de horchata de chufas; que si le tomara yo, ¡pobres hijos míos! Pues es que todos estos señores tienen costumbre de hacer eso setenta años ha. ¿Por qué razón, si el tifus ha de atacarles, les ha de poner antes á media ración? Un criado tuve yo en Biarritz, que á los sesenta años se bebía el pobrecito diez ó doce copas de cognac diarias. Le suprimí el cognac y se puso á la muerte. Vino el médico y dijo: -Este hombre no vive dos días. -Pues si no va á vivir dos días- -No, señor; tiene una fiebre muy mala- -Pues si no va á vivir dos días, se va á morir á gusto.