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Hay en la calle de San Quintín, en Madrid, una casa ante la oual pasan indiferentes los transeúntes porque en realidad nada de singular ofrece, y que sin embargo es acreedora al respeto de cuantos se precian de cultos. Porque alli, en un piso desde el balcón del cual se distinguen las frondas de la plaza de Oriente, vivieron dos glorias de nuestro arte contemporáneo, un poeta y un músico: Ayala y Arrieta. Solteros ambos, sabido es que habitaron juntos bastantes años, unidos por una amistad entrañable, viviente paradoja no del todo rara en este problema que se llama humana existencia, y que aproxima los caracteres más opuestos, las idiosincrasias más antagónicas de raza, como sucedía con los dos peregrinos ingenios: Ayala sevillano y Arrieta navarro, el Mediodía y el Norte. Bien es cierto que uno y otro tenían algo de común: la poderosa inteligencia y el gran corazón. Lo mísm. 0 Ayala que Arrieta han producido bastante. En España, donde cuanto á Bellas Artes atañe da poco dinero, es condición precisa la fecundidad. Pero registrándose en el catálogo de sus obras, dramas y zarzuelas notables, las dos que han quedado impuestas á la posteridad, las dos que han llegado al pueblo, son: de Ayala, M tanto por ciento; de Arrieta, Marina. Venidos uno y oti- o á luchar por la vida á Madrid, les atrajo la identidad de propósito y les unió la m. isma tendencia al humorismo, revelación de igual criterio en el modo de ver las cosas. De Ayala, como de Arrieta, se cuentan verdaderas ocurrencias En los primeros años de su juventud vióse perseguido Ayala en Sevilla por ciertas octavas reales compuestas en guisa de arenga revolucionaria contra el rector de la Universidad, empeñado en no dejar gastar á los estudiantes capa torera y calañés. El alguacil que iba á prenderle no conocía á Ayala. Entró en la posada, se encaró con él, manifestóle el fin que llevaba, y el propio Ayala le contestó imperturbable: ¡Pues lo que es por esta vez no cogen ustedes al pájaro, porque voló á su pueblo con unos arrieros! De Arrieta es esta frase. Viajaba por Suiza, y como extrañara que los gorriones acudieran á comer á la mano y le preguntaran si en España no acontecía otro tanto, respondió: -Sí acontece; pero por si acaso, ¡usan la navaja bajo el ala! Hasta M tanto por ciento, las obras de Ayala gustaron poco. Ese drama le produjo una ovación delirante, una corona de oro por suscripción, u n álbum de los poetas. Antes de ser aclamado en el teatro, de salir á recibir los aplausos con su esbelta figura y su gallarda cabeza del siglo xvil, tan popular luego, ya había obtenido un triunfo íntimo con El tanto por ciento leyéndoselo á su hermano Baltasar, también vate inspirado, y á Arrieta, tierna escena en la cual les representa nuestra fotografía. J U A N L U I S LEÓN