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boers se aprestan á la luclia, es que las más elevadas personalidades del Transvaal se han ofrecido á formar en las filas del ejército qne ha de defender la integridad del territorio, y entra los muchos abogados, banqueros y aan ministros del Consejo Ejecutivo que forman ya parte de las tropas de operaciones, figuran los hijos y nietos del presidente de la República, quo han querido dar á sus conciudadanos este ejemplo de patriótica abnegación ante el conflicto que se avecina. Ante la saperiori ftk dad de fuerzas y de elementos de combate que poseen los inUN T i a A D O a INGLES gleses, no es m u y aventurado suponer que será suya la victoria; pero si se tiene en cuenta que la invasión del territorio ofrece para ellos serias dificultades, y que el denuedo demostrado por los boers en 1881 no puede desmentirse ahora que á un miás arraigado patriotismo se une la circunstancia de poseer mayores elementos de lucha que en aquella época, tampoco es sensato suponer para ellos un final rápido y desastroso. Aun cuando no de la victoria definitiva, úaicamente de la resistencia tenaz de los boers habrían de derivarse grandes perjuicios para Inglaterra. Y aun en caso de eorresponderle el triunfo, quedaría la lucha de razas, el odio implacable al invasor, que aun cuando no diera ocasión á la reconquista del territorio, vendría á producir u n sacrificio estéril á la Gran Bretaña: el de verse obligada á sostener un ejército M 8 BULLER considerable para mantener su soberanía, de continuo amenazada por J W B DEL EJÍaCITO IKGLÍ. S t XPF JXIOKAKIO los vencidos. Esto sin contar con que sí la fortuna se declarase partidaria de los boers en loa primeros encuentrop, como ocurrió en la última guerra, el ooüflioto adquirirla para laglaterra caracteres mucho más alarmantes, porque estando aún poco consolidadas sus conquistas en aquella región y siendo su política objeto de antipatías y odios generales, pudiera dar ocasión á u n levantamiento de las razas indígenas, cosa que haría variar de aspecto la cuestión y obligaría á la Gran Bretaña á enormes dispendios para sostener la lucha, cuyo resultado aparecería entonces mucho más problemático. 1 as simpatías de Europa se inclinan del lado de los boers, tanto m i s ostensiblemente cuanto más oculto se guarda el odio que inspiran sus contrarios; pero pensando sensatamente, no deben confiar mucho los bravos colonos del Transvaal en este moviLINBA FERRRA DE P R E T r B I miento favorable á su causa. E Q la actitud de las grandes naiiones, simpática á primera v sfa, influyo no tanto el amor á la paz y á la justicia, como el enojo ante la rapacidad colonial de laglaterra, palpo gigantesco que en todos los países del globo hace ventosa con sus innumerables tentáculos, A dicho enojo del continente obedece la probable unión de varias pjtenoias, que también cuentan con España, según dicen algunos diarios al comentar la visita del conde de Muravieff al Sr. Silvela en San Sebastián. Según parece, trátase de formar una alianza ó Unión continental formada por Rusia, Alemania, Francia y España, naciones que, unas por su importancia y otras por su posición geográfica, pudieran constituir una fuerza de contención á tendencias cada vez más absorbentes del poder británico. Esta rumor importantísimo y la vehemente sospecha de que se hayan roto las hostilidades en el Transvaal, son las últimas noticias del telégrafo al cerrar nuestro número. Fotografiar L. Leboucher VH TIRADOR BOKll