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no de esos saloneitos de baile con gallardetes y j u n t a directiva, ¡y que para entrar os menester ser presentado por uno de la diretiva! Hay también gente de humor que a l l á á las altas horas de la noche sabe divertirse. Se reúnen tres amigos; uno se encarga del acordeón, otro de la guitarra, y el tercero de la voz cantante, y á paso ligero recorren las calles, haciendo estación en las tabernas que encuentran abiertas, hasta que llega la mañana y termina la juerga. Peligro serio es en muchas ocasiones el tan aplaudido tranvía eléctrico que disfrutamos, para que se vea que nos codeamos con el progreso. Los incautos que desprecian al aviso de la campana creyendo que en lugar del tranvía viene un velonero, pagan caro el descuido. Y antes que el conductor echo mano á la rueda, al torno, al manipulador y á la campana para parar, el infeliz transeúnte está dividido en seis ó siete secciones, como esos saloneitos de moda. Pero la mayor desgracia de todas es la de vivir en una LECTURA INTEEBCMPIDA de esas calles inmediatas á que hablan desde la acera, pues antes no contaban los mercados; desde las seis más qne con las esqninaB, y boy de la mañana hasta las doce á sus anchas; pero en camel vocerío de las verduleras bio salen perdiendo loé corno cesa u n momento. Yo, que tos de vista, que tienen más padezco la debilidad de vivir obstáculos para romperse en plena Corredera, soy testicualquier cosa importante go de mayor excepción. H a y del individuo. Todo este una de voz potente, robusta, derroche de electricidad, que no cesa de decir á voz en de alumbrado flamante, no cuello: ¡En una perra grande lo disfrutan más que los tres! Yo no he podido averique viven en el casco de la guar todavía qué tres da por población; los que viven en una perra grande; lo único la herradura, esos, naturalque sé, y esto no debiera demente, son ciudadanos de cirlo, es que sueño con ella. segunda clase que no tie ¡En v na perra grande tres! ¡Oh, nen derecho al progreso ni Dios mío! á disfrutar de sus ventajas. Otra de las. delicias de LUIS Madrid en este tiempo son Fotografías Ajenjo los corros que se forman á las puertas de las casas de- -vecindad, que obstruyen por completo la acera. Los hay prudentes, que se limitan á sacar las sillas, el botijo, y un acordeón para amenizar los intermedios; pero en cambio los hay do ideas más avanzadas, que hasta tienden un colchón en la acera para los que gusten del descanso, y un velador, unas banquetas y u n a baraja para los que prefieran el reoreo. Claro está que pretender en estas condiciones dar u n paso es empresa imposible; además es expuesto: siempre queda en el suelo una raja de melón ó sandía, restos de la merienda de los del corro, y es muy fácil medir el suelo, lo que da lugar á una franca alegría de la tribu y á una rechifla más que mediana. Lo mejor es seguir por en medio de la calle, si es que los vecinos no la han incomunicado con alguCARRERA DE OBSTÁCULOS