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LAS DELICIAS DE MADRID Cada capital tiene una fisonomía propia y caraoteristioa, lo suficientemente determinada para ser típica, y pocas seguramente habrá tan originales como esta muy ilustre villa y corte de Madrid. Ya se advierte á la llegada. El viajero necesita tomar un coche en la estación para qne le conduzca á su domicilio, y ya puede tener la precaución de vivir cerca, porque si no, el cochero empezará á reci- iminarle de lo lindo, vertiendo palabras más ó menos gruesas, y hasta faltando interiormente á sus ilustres progenitores. Y si por casualidad la propina no está á la altura de sus aspiraciones, el chaparrón entonces se desata con toda su fuerza. Y ya que me he metido en agua, hablaré de las aguas. ¡Una de las delicias de Madrid! Si no llueve, los depósitos se agotan; y si, por el contrario, las nubes se levantan, como cantan los chicos, y abren piadosamente sus grifos sintiéndose compasivas, entonces ¡ah! entonces ya es otra cosa, el agua viene turbia. Las criadas acuden á las fuentes de los antiguos viajes, y para llenar un botijo necesitan dedicar la tarde, y menos mal si no se arma en la cola una de esas de moño y tente tieso, espectáculo casi siempre obligado, porque entonces el botijo peligra, y es fácil quedarse sin él y sin criada. Pero los peligros del agua no terminan ahí. Muchas veces, y cuando más tranquilo va uno por la calle, se abre espontá- UN PASO PELIGROSO LA COLA DBL AGUA neamente una boca de riego, que sin decir esta boca es mía, lanza con fuerza un surtidor magnífico, que al poco rato es la delicia de todos los desocupados, que ya tienen en qué entretenerse un rato. Y menos mal si la suerte favorece al transeúnte en el momento del peligro, porque si no, está expuesto á volar por los aires con gran facilidad. Otro de los riesgos es el pasar por debajo de un andamio. Siempre hay un cubo de cal, ó un ladrillo que se sale de filas, preparado para el intrépido ciudadano. T gracias á que existe la superstición, muy desarrollada, de que pasar por debajo de un andamio es mal agüero, y esto contiene un tanto; que si no, el espectáculo sería mucho mas frecuente. 3 también de exqíiisita prudencia no leer por las calles, porque á lo mejor una de esas infinitas zanjas, constantemente abiertas por obra y gracia de las empresas particulares, que están tendiendo cables hace tres ó cuatro años, interrumpen bruscamente la lectura. Compadezco á los pobres adoquines, n 3. ás inseguros hoy que algunos ministros, ya lo oreo. Y es que todo cambia. Antiguamente los adoquines no se levantaban nada más que por causas políticas, se hacinaban en barricadas y se mudaban de la reacción á la libertad; pero ahora un adoquín es un subordinado de cualquier compañía. Hoy Madrid cultiva con éxito los postes; todos son postes: postes para el tranvía eléctrico, postes para los faroles del nuevo alumbrado, postes ¡qué sé yo! Los que Balen ganando con ésto son los novios