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PEiNAS HONDAS Despacio, despacio, se fué al cementerio; todo era allí caima, tristeza y silencio; llenaba la tarde la tierra y el cielo de luz melancólica, y apenas el céfiro agitaba los sauces que brindan sn sombra á ios muertos. Despacio, despacio, cual rendido ai peso de tantas angustias y tantos recuerdos como le vestían el alma de negro, por entre cipreses y entre mausoleos llegó al patio de zaojas, -altares de flores cubiertos. -Delante de una detúvose trémulo y anegado en lágrimas; quitóse el sombrero, más que arrodillarse tiróse en el suelo, y exclamó el gitano con doliente acento: lAy, mi prenda gitana, qué ditcas, qué dueas que tengo! i Qaé dwias más grandes saber que ya es menos que ná tu presona, tus ojos- -luceros, -tus labios- -claveles, tn mata de pelo más negra entoavía que el ala del cuervo, y tus manos y pies más recllicos que flores de armendros! Sin ti ya, mi niña, ¡qué solo me encuentro! Las noches enteras me paso sin sueño llorando penitas de muerte, y pidiendo á Dios que me traiga contigo ai momento; icontigo pa siempre, reliquia de plata rosita del huerto! ¡De estarme á tu vera qué ganas qué tengo! De estarme á tu lao, mo junto á tu cuerpo, contándote toas las penas que siento, teniéndote siempre, como en otro tiempo, la carita gitana y morena jartica de besos. A poco, despacio y en llanto deshecho, el triste alejóse Turbando el silencio sonó la campana, y en el cementerio á poco la luna vestía de reflejos de los sauces las ramas que brindan su sombra á los muertos. ARTURO í! i a i- í i í T DIBUJO DB HUERTAS