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CASA DEL CUARTELILLO EN LAVA FIES u n o DE LOS FOCOS PRID IPALES del Cuartelillo era todo tminfandio, y que allí estaban mejor que en nn palacio. Seguimos recorriendo otros sitios, la casa de los Corralillos en la calle de Segovia, la Corrala en la calle de Mesón de Paredes, la Uamaáa del Cura en Ja de Santiago el Verde, y en todas ollas encontramos una perfecta hostilidad por parte de aquel vecindario, dispuesto á lincharnos como si fuéramos recaudadores de contribuciones. A pesar de la certeza adquirida en nuestra visita de la existencia de la fiebre tifoidea, la gente, con tenacidad irresistible, rechazaba semejante suposición, diciendo que los enfermos que había eran de otra cosa. -Yo, si viene á honrar mi casa- -me decía un cabeza de familia, -tengo preparado un barril de vino de Arganda para darme inyecciones á menudo, y si es de ley y a se marchará. -Pa mí, decía otro, no hay más peste, ó como quieran decirlo, que el hambre, que no hay médico que la cure. Lo demás, si está de Dios, qué vamos á hacde, ¿no es verdad? ¡A ver si no estoy en lo firme! Contrasta con esta conformidad de algunos las medrosidades de otros, que se sienten casos fulminantes anto la lectura de las alarmantes noticias, y todo es pulsarse, mirarse la lengua ante el espejo y tomar precauciones extraordinarias. -A ver, Bonifacia, dice un amante esposo á su cara mitad, ponme el termómetro debajo del sobaco á ver qué temperatura alcanza. Y la señora, poco experimentada, saca el termómetro, lo coloca boca abajo, y dice asustada: -r ¡Diez grados bajo cero! El marido se mete inmediatamente en la cama, manda á su mujer que le ponga una botella de agua caliente á los pies, se lía un pañuelo á la cabeza, se bebe un puchero de flor de malva, y hasta mete la cabeza debajo de la almohada para evitar la menor corriente. Naturalmente, el hombro suda un verano, y al día siguiente dice en el café: -Pues yo no me anduve con chiquitas. En cuanto vi que tenía diez grados bajo cero, me metí en la cama, y gracias á mis cuidados y á mi robusta naturaleza, la fiebre no ha podido conmigo. Y hay que huir de las viles falsificaciones. rotosrafiasAseajo L ü S GABALDÓN CUESTA DE LOS CIEGOS LA CORRALA, EN LA CALLE DE MESÓN DE PAREDES