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LA SALUD PUBLICA Cuando esperábamos dé un momento á otro el estreno en Madrid de la peste bubónica, que está, siendo en Oporto la peste do la temporada, con todo el aparato de médicos y sueros que su interesante argumento requiere, asistimos por obra y graoia de los viajes antiguos y modernos á la reprise de las fiebres tifoideas. Es opinión de los doctores que la causa de la epidemia hay que buscarla en la mala calidad de ias aguas, pues si las anteriores á la época del Lozoya son malas, las de este simpático río, que más le valiera no haber nacido, son peores. Hoy más que nunca es necesario poner en pie la conocida máxima De este agua no héberé, aunque lo más acertado es no beberías, y de este modo la nebro tendrá que buscárselas por otra parte. En la discusión de si se debe ó no beber el agua hervida ó filtrada, los que cultivan el vino están en lo cierto, pues hasta ahora no se sabe que el tan solicitado zumo de las uvas alterne con ninguna clase de epidemias. Los encargados de velar por la salud pública se han visto, como LA CASA DE LOS CORHAHH. OS casi siempre, sorprendidos por las noticias que publicó la prensa de haberse registrado algunos casos de fiebres tifoideas. Hay gentes que creen á pies juutillas, sobre todo si cobran sueldo ministerial, que eso de la epidemia son bolas echadas á rodar por los periódicos para aumentar la venta, á falta de crímenes sensacionales; pero todo el mundo está en el secreto, y demasiado sabe y se le alcanza que la falta de higiene en la población de Madrid, el hacinamiento en que vive la clase pobre en las llamadas casas de vecindad, son los más activos agentes de propagación para cualquier clase de enfermedad contagiosa que asome su bacilo por la vecina sierra de Guadarrama. VmtM Como confirmación de las noticias que teníamos, Asenjo preparó su instantánea y u n servidor las cuartillas, y salimos al alcance de las tifoideas, en su busca y captura, empezando nuestra excursión m ¿r. por la plaza de Lavapiés, visitando la llamada casa HOSPITAL PROVINCIAL del Cuartelillo, ventajosamente situada y muy á propósito para albergar toda clase de enfermedades. Un muchacho que estaba á la puerta dio la voz de alarma y comenzó á dar voces, tocando á rebato por los corredores, diciendo: ¡Bajen uMés, que vienen dos fotografistus y nos van á sacar! -Sís Pero yo me encargué de echar por tierra las ilu a siones del chico desengañándole de que no íbamos á eso, ante el temor de que aquella vecindad se saliera de madre y nos marearan á preguntas. T i p- 5 5 r: íj Le preguntamos si sabía algo de la epidemia, y nos dijo que no la conocía ni nunca había vivido allí; concretamos más la pregunta, y nos respondió que el día anterior se había muerto el tío Pepe, el del 109; pero resultó, según sus explicaciones, que el tío Pepe llevaba más de un año enfermo; lo m. israo, siguió diciendo el chico, que la seña Gertrudis, que cogió un paraUs en el río por el mes de l W Junio, y también la colgaban eso. El muchacho juró y perjuró que lo que se decía SALA DESTINADA EH EL HOSPITAL A ENFERMOS DE TIFOIDEAS