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LO QUE NO ES DE NATURA, ÍTARARURA! BATUEBO) Rendidos y tronzáus de trabajar á lomo caliente tó el santo día é Dios con tina solana que daba miedo, el tío Babil y su chico no paraban de cavar la tierra descargando las jadas entre suspiros roncos que más parecían ronquidos suspirados. ¡Dios, qué vida ésta! -exclamó el tío Babil soltando la herramienta y pasándose por la frente la manga de la camisa y el dorso de la mano. ¡Mala vida, padre! -contestó el chico, un orianzón más alto que nn trinquete. -Si no me tuvián por loco- -siguió el tio Babil, -estuque ahora mesmamente me echaba á ladrón. -No lo hará usté bueno, padre, -dijo el chico desafiando. ¿Que no? Ahura mesmo nos vamos á la carretera. -Pues arree usté pa alante. Y los dos labradores, más decididos que toas las cosas, llegaron al camino real, y se sentaron en la cuneta sin decir Jesús. A poco se oyó el paso de una caballería que se acercaba y la canta del jinete que refunfuñaba una jótica al compás de las herraduras. ¡Ya has caído, pajaro! -murmuró el tío Babil; y echándose á la carretera gritó con muy mal genio: ¡Alto a i! ¡la bolsa ú la vida! ¡Otra! exclamó el viajero sorprendido y refrenando al macho. Pero conociendo en seguida á los del susto- exclamó: ¡Toma! ¡pues si es el tío Babil! ¿qué tal, tío Babil? ¡Qué tío Babil ni qué muletas! Nosotros no sernos el tío Babil; nosotros semos unos ladrones. ¿Ladrones? ¿dende cuándo? -Dende ahura m. esmo; usté nos estrena. -Pues lo que tengáis que ioirme, icírmelo andando, porque tengo prisa. -No hay incomeniente, no siñoi pero tenga usté entendido que éste y yo sernos unoB ladrones. -Bueno; ¿y la parienta? -Talcualica. ¿Talcualica na más? -Na. más; tuvo una zangarriana pa San Juan, y ha estau, á saber el tiempo, si se muere ú no se muere. Pero bueno; ¡que no orea usté que es groma! ¡que nosotros semos unos ladrones! -Si lo creo, hombre, sí lo oreo; pero cuéntame cómo ha sido éso. -Pues ¿cómo ha de ser? Siendo. Estábamos el chico y yo entrecavando ahí riba, y de repente le digo: ¡Qué vida ésta! y él me dice: ¡Mu mala! y yo le digo: ¿Quiés juarte que me echo á ladrón? Arree usté, padre me ha dicho el chico; y no ha pasau más. ¡Vaya con el tío Babil! T ¿qué van á ioir en el pueblo cuando lo sepan? -Miusté, que digan lo que quieran; yo lo que le digo á usté es que basta de conversación, y que nosotros semos unos ladrones. ¿Pero quién te dice que no? Si tú has echao tus cuentas y ves que te conviene, santo y bueno; ¿á mi qué me importa? -Y tanto que no le importa á usté. -Entonces, tio Babil- -Entonces, tio badajo, ya so me llena á mí el morral de guijas, que con tanto tío Babil po arriba y ti Babil po abajo, me está usté desgastando el nombre, ¿sabusté? Y á más, que ya le he dicho que yo no soy el tío Babil, que yo soy u n ladrón y éste otro. -Corriente hombre; pa eso no es menester ponese como una fuina. -Si no me pongo; pero comprenda usté las cosas. Y así entraron en Zaragoza los tres. El viajero meciéndose al paso tranquilo de su caballería, y los otros sin pedirle nada, pero jurando y perjurando que eran unos grandísimos ladrones. LUIS ROYO VILLANO VA DIBUJOS DK GASCÓN