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c- i i r -v La bolgazaneria y ei jnego son perjudiciales: ¡pero son tan descansados y sabrosos! Jenaro seguía siempre bajando y bajando, y á medida que bajaba menguaban su cuerpo y su mente. Parecía como si volviera á la senectud. La misma flojedad en los músculos y las mismas nieblas en el entendimiento: que esas nieblas envuelven las dos puntas opuestas de la vida: la punta por donde empieza y la punta por donde acaba. Así como el canto rodado pasó á ser píedrecilla, la piedrecilla arena, y la arena polvo sutiJ, Jenaro pasó de adolescente á párvulo, y de párvulo á masa de carne sin entendimiento, memoria ni voluntad. Un instinto animal bajo forma de hombrecillo; una reducción portátil de la estatua humana; la semilla de un ser y el embrión de un alma. Y cuando cayó en estado y bajeza tan miserables, Mefistófeles quiso recoger aquel residuo vital, on cumplimiento de lo pactado. El diablo se engaña también, aun con su larguísima y mil veces secular experiencia. Un Ángel de la Guarda, tutor de la inocencia, apartó al diablo diciéndole: -Si te lo hubieras llevado cuando fué hombre, tuyo era. Pero los niños vienen á nosotros. No pertenecen á t u reino obscuro. Son irresponsables. Y cogiendo aquel alma la remontó al limbo. Y en conclusión: ¿qué experiencia se deduce de esta historia inverosímil? Pues una que contradice todas las afirmaciones de los sabios y moralistas: y DIBUJOS BB MÉNDEZ BKINGA V; V- 1,11 1 l u i a n o sirve 1 i! i ILI I.I ni 1 1,1 i d a oolec 1 ti M, ni i- D lii iil.i individual. ¿Hay algo más viejo que el estado social? Pues ya se ve que no se ha enmendado. Vive Como ha Vivido siempre, no obstante las lecciones dolorosas, las catástrofes sangrientas y los estragos terribles por que ha pasado. La historia es un lienzo de panorama que da vueltas y vueltas, presentando y volviendo á presentar las mismas vistas y los mismos cuadros. Sólo varían ios espectadores. Y el hombre endiablado que lograra vivir á la inversa, haría las cosas á derechas de su natural condición. Porque el toque del mal no está en la falta de experiencia, sino en la sobra de juventud, madre espontánea de pasiones. E l hielo es consistente y frío mientras es hielo: cuando se derrite vuelve á ser agua blanduoha y dócil, que hierve si se la somete á temperaturas altas. La calma calculadora de la vejez no estriba en la enseñanza pasada, sino en la insensibilidad presente. Volviera la sensibilidad, y volvería la picazón de la sangre. En esa edad, zona glacial de la existencia, no se cometen locuras por la mujer, porque no se la ama. No se riñe con los hombres, poique no se les odia. No mortifica la sociedad humana, porque no interesa. No turban ios deseos de la vida, porque no se la siente. No se gustan sas placeres, porque se indigestan. No se bebe, porque no se tiene paladar, y no se tiene gula porque no se tiene estómago. ¡Insensibilidad, insensibilidad! Pídanla al demonio los que no quieran dolores, pero á la vez renuncien á los placeres de la vida. EUGENIO SELLES De la R al Academia Espafiola