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De la fe madrileña vivo reíiejo que entre sombras y nubes luciente asoma, allá en un rinconcito del Madrid viejo tiene su altar ia Virgen de la Paloma. Aunque apartada y triste la estrecha calle, no asusta al que en su Virgen busca consuelo, que así son los caminos que desde el valle entre zarzas y espinas suben al cielo. La imagen es tan bella como sencilla; el templo es pequefíito, pobre y austero, ¡y allí la fe cristiana radiante brilla, y allí cabe el cariño de un pueblo entero! Ko es la artística talla 4 que se adora, 5 l fica diademíi e luz brillante. tíÉt Madre divina ¡que sufre y llora f 4 la copia en el lienzo (tiene basta rite! V. IK No busca quíí por rica se la venere, ue las Vírgenes huyen de la riqueza. ¡Cuanto más pobrecita, más se las quiere; y cuanto más humíldetí, más se las reza! A ofrecerla sus cruces va allí el soldado, á que bendiga el premio de sus hazañas, y allí imploran las madres su amor sagrado presentándole al hijo de sus entrañas. Allí no existen clases. rangos ni cunas. y van con las duquesas las menestrales. ¡Con cl hijo en los brazos todas son unas! jA los pies de ia Virgen, todas iguales! Jamás niega al que t- ufre su raro; su imagen es del alma divino espejo, y por eso ia gente busca su amparo allá en un rtnconcito del Madrid viejo. Dicen que obra milagros- y obrarlos puede, que el amor á sus ojos piadoso asoma. ¡Todo lo que le pido. me lo concede, y es mi Virgen ia Virgen de la Paloma! joní; JACKSON VEVÁ