Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LOSYIAJES DELPRESIDENTE Ahí van cuatro líneas, osoritas á vuela pluma, como si la mano obedeoiese á la vertiginosa velocidad del sud- exprés qué nos conduce. Venimos Asenjo y yo acompañando al jefe doL Gobierno, en el recorrido de Madrid á San Sebas tián, con el propósito de enterar a; l público, auxiliándonos de alguna nota gráfica, do cómo veranea el p. esidente dol C nsejo do JMinistios En constante trasiego con fu persona, el Sr. Silvela recorre cada ocho días la distancia que separa su domicilio oficial y el lugar ameno elegido por los reyes para solaz y esparcimiento veraniegos. Acaba de decirme, con mucha razón, que él no cree que la Monarquía esté llamada á experimentar temporalmente y en esta época del año la más ligera disminución de influencia y poder. Y eso se logra manteniendo vivo el comercio de ideas é impresiones qué forzosamente ha de existir entre todo Soberano y su Gobierno responsable. Cuando le manifesté á S. M. mi idea de hacer muy á menudo este viajo, me dijo: -Por Dios, Sr. Silvela, no se moleste usted tanto, á no ser que haya un grande y justificado motivo- -Señora, observe Vuestra Majestad, le repliqué, que no es éste para mí ningún sacrificio heroico. Siempre serán útiles los frecuentes despachos, en sustitución de los semanales Consejos de Ministros que acostumbramos celebrar en el Palacio de Madrid. Por otra parte, yo no me canso, duermo bien EN EL S A L 0 DEL SUD- EXPRES en el tren; y á decir verdad, prefiero veinticuatro horas de ferrocarril, que tres ó cuatro escuchando en el banco de la paciencia peticiones de destinos... El Sr. Silvela, ocultando su molestia, hace alarde de una juventud que le deseo; conserve. Aquí, me decía hace poco, donde no es usual que el Presidente del Gabinete visite á los ministros en sus departamentos y casas particulares, y si yo lo hago es rompiendo con lo estatuido por el hábito, parece que se nos condena A un régimen de inamovilidad y quietismo. No sucede igual en el extranjero; recuerdo que una vez Lord Salisbury, siendo jefe del Gobierno inglés, hallándose abierto el Parlamento y cuando era más febril la excitación política, se vino tranquilamente á Italia. Desempeñaba entonces además la Secretaría, equivalente allí á nuestro Ministerio de Estado. El escaso incremento tomado por el iourismo en estas latitudes, puede que sea la causa de todo. Yo no he conseguido todavía, á pesar de haber utilizado varios medios de persuasión, que mis amigos y mi familia dejen de despedirme y de recibirm. e á la partida y á la llegada de un tren. Esta añeja práctica tiene su origen en los riesgos que en otras épocas se corrían cuando cualquiera se aventuraba á traspasar los muros de su casa. La despedida era entonces una especie de acto de última voluntad: no así hoy, que se viaja con tanto cora orí y todo género de seguridades. Sólo la justifica una ausencia de mucho tiempo ó larga excursión á remotos climas. GABRIUL E ESPAÑA DE SOBREMESA Dupny de Lome fotografias Silvela Aseiyo