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GRATITUD Ko se puede pintar el horrible espeotáotilo qne presenciaron los veraneantes de Deva el día 15 de Agosto de 1876. Clotilde, la hij a única del barón de Rosaura, rubia muchacha de dieciséis años, se había empeñado en salir á pescar sola en un pequeño bote; aquel día el mar estaba malo, pero ella no se arredraba por nada, y apenas se apartó unos metros de la costa ya no pudo dirigir su embarcación; empezó á dar gritos, soltó los remos, y I eran, el bote, conducido por las olas, se metió en una pequeña ensenada rodeada de agudas rocas, donde el mar hervía como si estuviera calentado por potente caldera y donde era cuestión de segundos el que la barca y Clotilde se hicieran pedazos. Algunos bañistas que vieron la situación de la j oven com. enzaron á gritar desaforadamente; la gente se arremolinó en la playa, aumentando el coro de voces y lágrimas, y entre los curiosos llegó el barón, que al conocer á su hija por el traje trató de arrojarse al mar, y lo hubiera hecho si no lo hubiesen impedido las demás personas. ¿Pero no se la puede socorrer? -gritaban entretanto los más animosos. ¡Imposible! -contestaban los viejos pescadores; -de ahi no sale nadie. Entretanto el barón, amarrado, forcejeando con los que le sujetaban, decía: ¡L a mitad de mi fortuna, toda, toda si es preciso, al que vaya á salvarla! Eñ esto se vio que un m. ozalbete de catorce años, que estaba en la embocadura de la ría con. su bote, recogía con rapidez el ancla y remaba vigorosamente hacia el sitio donde Clotilde, por milagro de Dios, permanecía aún á flote. Los forasteros comenzaron á aplaudir ál chico; los pescadores le decían ea vascuence que no fuera, que era inútil todo intento de salvación, y el barón, con los ojos ñjos en el salvador, le gritaba con todas sus fuerzas: ¡La mitad de mi fortuna la fortuna entera... lo que quieras si la salvas! Tomás, que asi se llamaba el improvisado salvador, no oía á nadie, y seguía bogando con furia verdadera. Pronto llegó al sitio peligroso; esperando con habilidad propia de la gente de la costa del Cantábrico el movimiento favorable de una ola, llegó al costado de la barca de Clotilde, saltó dentro de aquélla sin soltar la suya hasta que hubo pasado los remos, y en. seguida abandonó la embarcación que hasta allí le había conducido, y que una ola hizo astillas en seguida contra una de las rocas. Juntos el salvador y la víctima en un mismo bote, el peligro disminuyó mucho. Clotilde era fuerte, Tomás también; eran ya cuatro remos en vez de dos, y el joven pescador de Deva sabía cuándo se habían de utilizar y cuándo no, para no perder fuerzas. Clotilde, más tranquila, obedecía las órdenes del chico, y á los pocos segundos la barquilla empezó á apartarse de las rocas; cinco minutos después estaba en plena mar y fuera de todo peligro. Clotilde ya no rem. aba; Tomás, solo, oho-