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CASTRO- URDIALES Tendido á la sombra de suave colina do siempre se encuentra frescura y verdor; besando las plantas de imagen divina que en lo alto se eleva brindándole amor; cercado de huertas con ricos frutales, entre ellos naranjos que exbalan azahar, luciendo sus galas está Castro- CJrdiales á orillas del fiero Cantábrico mar. Las olas le besan con furia salvaje, con vivos anhelos ó dulce interés; mas siempre á su Castro rindiendo homenaje, deshácense en montes de espuma á sus pies. Ya salte y se agite rugiendo bravia, ya ruede serena de uno á otro confín, al pie de Santa Ana y Santa María la mar da -su empuje y á su brio fin. De allí, desde el faro, que el agua retrata fielm. ente en sus ondas de límpido azul, se admira su inmensa llanura de plata tocando al del cielo magnífico tul. T al pie el Cotolino... el muelle la playa el pueblo que orgullo de sus hij os es; i Jamás sus encantos olvida quien haya un día en sus calles posado los pies! Solar, templo y cuna de insignes marinos, del cántabro suelo preciado rincón, pensando en sus grandes y nobles destinos tras ellos camina con noble tesón. Tal fin persiguiendo su industria engrandece, su tráfico aumenta constante en su afán, y al par que trabaja su suelo embellece con galas que aspecto risueño le dan. Así, de año en año, su esfera agiganta, va siempre adelante con ansia febril, y el sol del progreso su ambiente abrillanta prestándole efluvios de pueblo fabril. Arriba, en los altos, el rudo minero extrae de la tierra preciado metal; abajo, en las olas, audaz marinero le roba en sus redes al mar su caudal. Y arriba y abajo vapores que pitan, barrenos que explotan, rugidos de tren Obreros que cantan, fresquerías que gritan, y gente en alegre continuo vaivén. ¡Concierto admirable que vida revela! ¡Sublimes acordes de la actividad! ¡Simpática nota que anima y consuela, pues lleva en sí gérmenes de prosperidad! Bañistas que el vuelo tendéis hacia el Norte por miedo á la lumbre del sol de Madrid ¿Queréis gozar dé algo que no hay en la corte? ¡Pues fuera pereza, y á Castro venid! Aquí hay gente culta muy fina y amable, el pueblo es honrado y alegre á la par, se goza de un clima lo más agradable, y en toda su anchura contémplase el mar. Aquí hay calles limpias, paseos hermosos; rincones sombríos y frescos hay mil, y hay flores lozanas y arbustos frondosos igaal en Septiembre que en Mayo y Abril. Aquí hay oleadas de brisa marina que al pecho frescura le dan y vigor, y. playa espaciosa de arena muy fina que al sol del estío le roba el calor. Y aquí hay, sobre todo, queridos lectores, pues de ellas es Castro fecundo plantel, muchachas con rostros lo más seductores ¡Cachitos de gloria que saben á miel! JULIO ROMERO GARMENDIA í