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Q- anar un setecientos por oiento es tentación que no resista u n ángel del cielo. Probabilidad tan seductora es la que ha beoho popular el juego de los oabalUtos, un hipódromo en miniatura en el que corren desbocados nueve ágiles potros de latón cabalgados por otros tantos infatigables jockeys del mismo metal. El número de aquel jinete que tras de rapidísimas vueltas por la pista queda más próximo á la meta, es el que da ocho pesetas al que por él apuntó una en su número correspondiente marcado sobre el verde tapete. El juego es bonito, atrae, apasiona. Lo prueba el que ninguno otro de los muchos que con secaejante mecanismo se han inventado ha podido deshancarle. A los caballitos juega todo el muado. Las señoras con más pasión y menos método que los hombres. Hay que creer, racionalmente pensando, que la mesa da fruto á su dueño; porque en los tiempos positivistas que corremos se inventa poco para perder. Pero no importa; el juego de los caballitos atrae, arrebata, hipnotiza, y ante la probabilidad de ganar siete pesetas con una, bien pueden parderse ocho ó nueve ó diez posturas de cuatro reales de vellón. La cuenta es descabellada; poro no discurren mejor nuestros hacendistas al arreglar las de la nación, y pasan por sabios; ¡conque á ver! De los conciertos de orquesta en la terraza disfruta también el pueblo. De verjas afuera agrúpase la gente que no puede ó no quiere pagar, y en la terraza los socios y abonados forman tertulias, en las que se habla de todo mientras se oye la música, y se discute de política, que es otra música celestial. Todas las tardes y todas las noches el mismo pintoresco cuadro. Aficionados que escuchan, muchachas que se timan, curiosos que fisgonean, murmuradores que trituran y garridas niñeras que bailan en sus brazos á las tiernas criaturas, aunque sea al compás de un adagio de Beethoven ó de la marcha fúnebre de Ohopín. ÁNGEL M A E Í Í CASTELL San Sebastián, 8 de Agosto de 1899. Folografias Franzen K TM S Kail EL DIRECTOR DE LA VOZ DE GUIPÚZCOA Y CORRESPONSALES DE LA CORRESPONDENCIA HERALDO Y BLANCO Y NEGRO EN LA TERRAZA DE VILLA ESPERANZA