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estado por aquí, porque en grabado se ha reproducido un millón de veces. Los privilegiados, los que van á sus fiestas en carruaje, que son los menos, mientras no prevalezca la doctrina de aquella familia del tío Maroma del popular saínete, que iba al Teatro Real en carro porque cada cual debe ir en lo que tiene, hacen uso de una escalera de piedra, quizá la obra más soberbia, desde el punto de vista artístico, del G- ran Casino, cuya edificación- -dicho sea entre paréntesis- -se debe al pueblo, que constituyó el capital necesario en acciones de pequeña cantidad para que todas las clases sociales pudieran contribuir á crear este importante elemento de vida del veraneo donostiarra. Dicha escalera, en la que se derrochó la piedra más rica de las canteras de Guipúzcoa, da acceso al vestíbulo, de donde arranca otra escalera monumental, que si es rica por el gusto que presidió en su construcción, por los mármoles que en ella se emplearon, por los bronces de sus balaustradas y por la luz que cientos de lámparas eléctricas derraman iluminándola, lo es más á la hora del baile, especialmente en noches de cotillón, porque por sus peldaños desfila un ejército bri- liante de mujeres hermosas, primorosamente vestidas, exhalando deliciosos perfumes, aturdiendo con el murmullo de sus voces y BUS risas, enloqueciendo eon el centelleo de sus ojos y desluníbran- ESCALERA AL VeSTISULO DESDE LA ENTRADA DE CARRUAJES do con la revolución de colores de sus trajes, cuyo conjunto es una mancha de color ideal; Aún más sorprendente es el aspecto del salón de fiestas, suntuo 80, severo, comosi elartífioe se hubiera complacido en buscar el ejn tras te entre la seriedad de la ornamentación y la locura del baile, ent r e la antigüedad del estilo pompeyano y la juven- tud de una gente alegre que baila vertiginoso vals. Los cotillones del Gran Casino tienen fama, y rio es fácil oir hablar de ellos sin que se oiga citar el nombre de Hielo, el ujier de la sala, servidor de los directores del eotilKm, ombre popularísimo y como si áijéiavios el mayor de la casa, que además de ser muy simpático, tiene un apellido, como se ve, de gran atractivo en olvorano. Los jueves y domingos por la tarde invade el salón de fiestas una multitud da niños, la generación de mañana, la esperanza del porvenir que ya á danzar. ¡Y aún nos extrañaremos de que haya en España tanto danzante! El cuadro es encantador, porque nada hay más alegre que la alegría de los niños, ni más gracioso é interesante que esa alegría dominada por la preocupación de una alegría mayor. ESCALERA PRINCIPAL EN NOCHE DE BAILE CON COTILLÓN