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c mx el infierno, donde la agudeza es la cualidad desalmado. ¿Pudo el hijo restituir su fama y su poder al padre que- por él se saoriñcaba? Pudo hacerlo confesándose por su cuenta. Pero no quiso por ogoísmio, que á ser generoso y agradecido no sería buen diablo. Amhos callaron, uno por egoísta y otro por cariñoso. Y era de ver cómo el cariño de Moloch crecía en vez de menguar con tan ñera ingratitud, porque en sila se advertían las aptitudes superiores del mozo y lo bien que había cuajado en él la mala sangre heredada. Moloch estaba enamorado de aquella conducta. Otra más humana defraudaría sus esperanzas, y acaso le hiciera dudar de su verdadera paternidad. El destierro le amargaba únicamente porque desde él no podía seguir inspirando al diablejo. Y preveía lo que ál flii aconteció. Las recetas del libro se acabaron, y como ya no estaba allí Moloch para renovarlas, el pobre plagiario se encontró perdido, doblemente perdido, de una parte por la falta de su espíritu santo, y de denoia senil y de agotamieEto intelectual. Si alguna vez, mirando por su prestigio, liticía una diablura digna de su antigua grandeza, la opinión pública, que en el intierno anda tan desacertada como en el mundo, atribuía la hazaña á inspiraciones del hijo. Con estas y otras cosas perdió su crédito y su autoridad. ¡Qué le importaba, si todo había pasado al ser de su ser y sangre de su sangre! Cayó de la gracia de Satanás, quedando hecho un pobre diablo, de quien ia turba infernal se buriata y reía por chocho y bonachón. Llegó á decirse de él la injuria mayor que cabe en labios diabólicos: la de que, traidor á su grey y arrepentido de sus culpas, estaba haciendo ejercicios piadosos y méritos de virtud para obtener el perdón de Dios. Por todo lo cual fué desterrado de la corte satánica á uno de los dominios más inferiores y remotos del reino, con inhabilitación p e r p e t u a para tomar formas extrañas á su propia naturaleza. ¿Pudo Moloch rehabilitarse, castigando á la vez al osado usurpador qué malamente le había robado? Pudo hacerlo con. descubrir la verdad, mostrando como prueba documental el libro escrito de su garra y letra. Pero no quiso por amor de su hijo, quien que daría con esa declaración, no sólo desacreditado y en ridículo, sino penado severamente por dárselas de sabio con sabiduría ajena, porque esa rama del latrocinio se castiga más que en la tierra en principal j necesaria para vivir entre tanto truhán y