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Y el honrado criminal quedó á su vez desencantado de la generosa nobleza de aquel carcelero que se oponía á recibirlo por escrúpulos del oficio. -No puedo admitir á ningún preso ni detenido sin mandamiento ú orden de la autoridad competente. Tráigamelo usted y entonces entrará- -Tardaría mucho tiempo, y mi caso es urgente, alegó Julián muy contrariado. -Es mi deber. -Y el mío es expiar mi delito. ¿De modo que aquí no puede entrar un delincuente tocado en su conciencia? ¿De modo que puedo seguir hiriendo y robando á mis anchas mientras el juez no se oponga? -Por mí, lo que usted quiera. -Pues usted será responsable. El director reflexionó efectivamente sobre su responsabilidad si dejaba escapar de entre sus manos a u n reo. ¿Y las heridas son graves? preguntó. -Grraves. ¿Y por qué no se ha entregado usted en el acto? -Huí, pero luego consideré que me cogerían, y resolví entregarme. ¿Y dónde y con cuáles circunstancias se ha cometido el hecho? Eso lo diré sólo al juez. El carcelero lo admitió, volviendo á admirarse de la estrechísima conciencia de aquel arrepentido. Al día siguiente, el juez se personó en la cárcel para indagar á Julián, quien tenía preparado un crimen completo, lugar, hora, causa y resultado. ¿De manera que se confiesa autor del delito de lesiones? -Sí, señor juez: lo confieso porque me ahoga el remordimiento. Téngalo usía en cuenta para ser benigno. ¿Y el hecho sucedió? -En el. paseo de Atocha. ¿Hora? -Las diez de la noche. Lo solitario del sitio y lo avanzado de la hora me permitieron huir, y no me hubieran cogido si yo mismo no me presento aquí. Téngalo usía también en cuenta para ser benigno. ¿Y la víctima era... -No lo sé: un desconocido. Yo creo que iba algo borracho. Me injurió primero de palabra y d e s p u é s d e obra: y perdí la cabeza. Kepito que lo tenga usía en cuenta... Sí, para graduar las atenuantes. Pero, i ¿testigos? -Ninguno. Nadie lo tí sabría si yo no lo confieso. P o r D i o s que tenga usía en cuenta... El juez, acabado el interrogatorio, d i c t ó auto elevando á prisión la detención, y se fué diciendo al director de la cárcel: V- -He visto pocos criminales semejantes á éste. Declara todo como si no hubiera hecho nada. O es m u y cínico, ó es muy bueno: un buen hombre que ha tenido un mal pensamiento y está arrepentido. Sea lo que sea, merece c o n s i d e r a c i o n e s porque nos ahorra mucho trabajo. ¡Si todos fueran como él! Julián quedó también satisfecho del éxito favorable de su treta, que le prometía largas semanas de rancho seguro. Y siempre que lo comía abría la boca dos veces: una para tragarlo y otra para reírse de la inocente credulidad de la justicia. Cuando me cansíí do esta vida declaro ia verdadj y como no parecerá el heridoj me f