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ARGUMENTO I AEA UN B A I L E D E GRAN ESPECTÁCULO La obra puede comenzar por un despampanante preludio de orquesta á telón corrido, describiendo una tempestad, efecto de la cual naufraga un vapor que volvía de las Amérioas (no del Eastro) conduciendo entre otros pasajeros á Coralina y á su esposo, ella muy guapa y él muy fabricante de paraguas. Procure el maestro que, al escuchar el preludio, no les quepa duda á los oyentes de que es precisamente del Paraguay de donde viene el matrimonio, y además que el objeto del viaje había sido el perfeccionamiento en la confección de los paraguas. (Todo esto es muy musical. CUADRO PEIMEEO. -EL FONDO DEL MAB Al levantarse el telón, aparece el Sr. Neptunp acabando de tomar chocolate, y acompañado de su corte de mariscos aduladores y de peces marrajos. A los pocos momentos desciende suavemente á la escena desde las bambalinas una mujer hermosísima, que deja estupefactos á todos aquellos gachos de escama y coleta. És Coralina. Algunos mariscos se apresuran á despojarla de sus vestiduras, y desaparecen con ellas, perseguidos por varios atunes del cuerpo de seguridad. La bella náufraga queda en cueros y aletargada sobre una roca, muy dura por cierto. Muchos peces curiosos la rodean. Neptuno se abre paso entre ellos; se hace cargo de la interfecta, la infunde vida medíante u n confortante soplo submarino, y después de bailar con ella un persuasivo paso á dos, se la lleva tranquilamente al palacio de la Humedad. Quedan los lenguados haciéndose lenguas de la hermosa aparecida, y como lenguaraces que son, vanse á divulgar por todo el Océano lo acontecido. Esto es de efecto rápido, pues no tardan en reunirse en escena peces y mariscos de todas clases en abigarrados grupos, no sólo dándose á la murm. uración despiadada, sino urdiendo un terrible complot para quitar á Neptuno (con quien están algo indispuestos) la posesión de la bella Coralina. Cuando todos se hallan más animados en sus propósitos, vense sorprendidos por la aparición de un personaj e muy grotesco; es CaJbritlnez, el marido de Coralina, que, víctima del naufragio, desciende también al fondo del m a r pero cabeza abajo, siendo recibido con cuchufletas por aquella escamada muchedumbre. Acércase á Cabritínez u n Neptuno de menor cuantía, le infunde vida submarina con u n pequeño soplo, ó sea con un soplillo, y se hacen cargo del náufrago varios congrios distinguidos, que le transmiten la escama cuando le dicen que su Coralina está en poder de Neptuno. Cabritínez, á pesar de estar en el agua, se ve aorasado por los celos; se desespera y quiere ir en busca de la parienta; mas los congrios le dicen que tenga calma, que todo se andará, y le obligan á presenciar la organización de la gran caravana que ha de ir á festejar á Coralina. En efecto, fórmase la caravana por todas las clases de la sociedad acuática. El elemento militar va representado por u n escuadrón de peces espadas; los maestros de escuela, por un grupo de bacalaos; los políticos, por una falange de percebes; los borrachos, por unas cuantas merluzas; y el gremio de corseteras, por varias ballenas; el de barberos, por un centenar de barbos con sus barbas; los académicos de la lengua, por doce lenguados ilustres; los dentistas, por ocho dentones; y los gorrones, por buen número de lapas. Abr n la marcha cuatro besugos y un cabo que, por tener el ojo claro, ven perfectamente el terreno quedan; y los siguen, andando al compás de u n paso doble que va tocando una charanga de langostas vivas, todos los elementos antes citados, á cuya retaguardia marcha Cabritínez con el paraguas abierto y montado en una tortuga de alquiler, que no obedece á las contundentes exhortaciones que su jinete le dirige para que corra.