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nuestra alma, todos los que ctiltivamos con más ó menos fortuna la actualidad gráfica en las publicaciones ilustradas. Ecos sencillamente de los grandes diarios, recogemos todo asunto que alcanza notoriedad, por el hecho de haberla logrado, sin preocuparnos poco ni mucho de su importancia. Un acontecimiento extraordinario que no haya merecido de nuestros compañeros de rotativa el favor de la publicidad, no despierta el apetito de la instantánea. No pasa asi con el suceso baladí ó frivolo que obtiene insistentes referencias en las columnas cerradas de los colegas. ¿Y sabéis por qué? Porque siempre el lector experimenta legitima curiosidad al hallarse con tan repetidas noticias, y se oree con derecho á que la ilustración semanal se las amplíe y complete por medio de la información documenta, da, por medio del dibujo, dé la fotografía, que entran por los ojos. De las recepciones que se han venido celebrando en el palacio de Buenavista desde que el general Polavieja se hizo cargo del Ministerio de la Guerra, se ha hablado mucho, á veces con poca justicia. LOS MARQUESES DE POLAVIEJA HACIENDO LOS HONORES DE LA CASA Estas fiestas, que tienden á unir y fortalecer vínculos, que sirven para que la familia militar gane en cohe- sión y solidaridad, han sido sospechosas á los que no comulgan, con las ideas políticas del geiieral Polavieja. Los jueves de Buenavista- -éste es el título que dio la gente á tales reuniones, -no tuvieron nunca el carácter que les atribuyeron alganos. Asistían escasas señoras; la concurrencia ha sido constantemente de hombres, en su mayor parte, casi en su totalidad, militares. Él elemento civil ha estado, representado por varios diputados y senadores. No ha habido música. Los infinitos amigos de los marqueses de Polavieja se limitaban á desfilar ante ellos, reiterándoles sus muestras de consideración respetuosa. Unos imaginaron descubrir en aquellas recepciones un peligro. Otros dedicáronse á exhumar recuerdos históricos. No ha faltado quien llegara á tildar de cursis los salones del ministro de la Guerra. Todas las leyendas deben quedar desvanecidas ahora que se han suspendido por lo avanzado de la estación esas serias recepciones, en las cuales sobresalía, destacándose por sus propios méritos, la gallarda y gentil figura de la bellísima marquesa de Polavieja. GABRIBL E E S P A t A Fotografías Fraraen