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¡para- el ooasumo del verano, ha sido irmclio más pequeña que de ordinario. Ahora también se ha dado el insólito caso de que brillasen por su ausencia las aguas primaverales; esto no ha ocurrido jamás desde que para la capital de España se aprovechan las aguas del Lozoya. Y por s i n o fueran aún bastantes todos estos contratiempos, se ha ofrecido la singular y extraordinaria rareza de llover con cierta abundancia en la parte baja del río, sin caer una sola gota de agua en l a parte alta de la cuenca, como siempre pasa. En tales oondieiones, la cantidad de agaa embalsada ha sido tan sólo do doce millones de metros cúbicos, y aun cuando desde u n principio pudo prede; cirse que había de ser este volumen escaso, era de esperar que nuevas lluvias vinieran á acrecentarlo. Hoy ya no es p o s i b l e abrigar esta halagadora esperanza, pues las tormentas estivales no aumentan la corriente ñuvíal, y se hace, por tanto, imprescindible que los dos ó tres millones de déficit se obtengan por medio de economías en el consumo. No se orea que la cantidad de que se dispone es. pequeña en relación con las n e c e s i d a d e s lo que ocurre es que el derroche del agua ha llegado á ser entre nosotros un sistema. En el actual verano, no obstante las restricciones, se han llegado á gastar á razón de 210 litros por habitante (todos los servicios comprendidos) sin contar con los cinco ó seis litros que suministran los viajes antiguos. Para apreciar lo que significa esta cifra, véase lo ue consumen actualmente algunas capitales, al día y por cada habitante: Lyon, 116 litros; Toulouse, 100; Liverpool, 112; L o n d r e s Í 59; Manohester, 114; Bristol, 100; Berlín, 69; Leizip, 60; Florencia, 79; Viena, 75; V e n e o i a 40; París, 100; Barcelona, 90. Todas estas poblaciones se consideran abundantemente abastecidas. En Inglaterra es muy común el sistema de no dar CANAL DE ISAB 2 L II. ALMgNARA DEL OBISPO agua á las casas más que un cierto n ú m e r o de horas al día, y cuando aquella no abunda, se reduce el tiempo del servicio, como ha sucedido en Londres en estos últimos años. Ein Madrid nó podría aplicarse el procedimiento, porque exigiría que los vecinos estuvieran provistos de depósitos adecuados para recibir en breves momentos el agua necesaria para todo el día. En París, ciudad que tiene doble distribución de aguas de río y agua de fuente, cuando escasea ésta suministran la primera, que nunca falta en el Sena, y que por cierto es poco pqtable. Desde que se trajeron á Madrid aguas del Lozoya, era desconocida la escasez hasta 1876, en que se presentó el primer caso de que peligrase el abastecimiento, y hasta el año actual, en que nos hallamos abocados nuevamente á un conflicto de serias proporciones.