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MILTON Y DÉBORA i: Rueda á la tumba Cromwell, el austero famoso protector quo derramara sobre su pueblo benefióios. tales como los que la lluvia generosa vierte en los campos, y el insigne Mílton, qué á Oliverio, en sus ínclitas empresas, se, unió como el laurel se enlaza al roblo en corona triunfal, su voz levanta aconsejando á su nación convulsa fe, constancia y valor. El ígneo verbo del gran republicano, en cuyas venas la sangre Jiierve de los hombres libres, su patria desatiende, y reina el hijo del infeliz monarca degollado. Al estallar las iras y. venganzas de ia grey vencedora, huye el poeta y erige un templo á las celestes musas en su escondido hogar; mas pronto el cuervo de la desdicha en su m. orada vuela, y la luz desparece de los ojos del genio infortunado. Entonces crecen las alas poderosas de su numen, y es más bello y armónico su canto: los ruiseñores que los ojos pierden cantan con más hermosa melodía. Y surge su magnificó poema, crepúsculo de llamas coronado, y bosque, secular á cuya sombra percibe el alma las grandiosas voces de los himnos homéricos. II Sonríe alegre el sol en la cerúlea esfera, y auras primaverales por los campos llevan el regocijo de la vida. En floreciente parque, el ciego Mílton vaga apoyado en Débora, su dulce hija adorada- -rutilante luna que ilumina la noche del poeta, -cuando aparece el rey Carlos segundo seguido de brillante comitiva, y con áspero acento y faz airada grita al noble cantor: Coplero infame. Dios castigó tus crímenes, cegando tus ojos de reptil. Débora entonces responde altiva al déspota sañudo: Sombras hay en los ojos de mi padre, pero en su corazón luce la aurora, y si ostentas soberbio una diadema, ¡otra de más valor su frente ciñe! Calla y enjuga con sus frescos labios una lágrima ardiente que corría por el pálido rostro del poeta. Débora luego- con su padre á solas, le dice llena de ternura y brío: ¡Qué importan á tu nombre y tus virtudes los apostrofes viles de un cobarde, si tu honor resplandece como un astro, y en la férrea armadura de tus versos embótanse las balas de la envidia y del odio el puñal! Padre del alma, las espinas que hoy clavan en tus sionos serán en las edades venideras rayos de intensa luz, y á semejanza del triunfador histórico que uncía á su carro á los príncipes vencidos, atados llevarás á la carroza do tu fama inmortal pueblos y reyes, de tu sublime inspiración esclavos! MANUEL K E I N A DIBUJO DK VÁRELA