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asaLñisacavfüBsu -Siía iq i f S I V j h ¿teá ¿S 5 iiS lff SH! ¡J notaréis en ella defecto ninguno. Sin embargo, yo sé dónde tiempo que estaban en guerra sin conseguir ninguna victoria señalada. me aprieta. El ejército, estaba muy desorganizado, pero á los La Historia no dice dónde le apretaba la sandalia. Contrajo más tarde segundas nupcias con una mu- pocos días lo puso el general lo mismo que una seda. Las tropas de Perseo ocupaban fuertes posiciones. ohacha, hija de una viuda acomodada, con la que tuvo El río Enipeo separaba á loa combatientes. varios Mjoe. (Con la muchacha, no con la viuda. No Paulo Emilio exclamó en un momento de inspirasean ustedes malioiosoB. ción poética: El zapatero hahía acertado esta vez. Perseo nos desafía Paulo Emilio no se quejó nunca de la segunda á orillas del Enipeo. sandalia. Pues bien; per sé ó per aceidens Entregado de lleno á los negocios públicos, se prevenóeremos á Perseo. sentó candidato al Consulado, j obtuvo el puesto por Esta copla, y sobre todo el juego de palabras, proaclamación. Durante su gobierno derrotó varias veces á los ga- dujeron un efecto admirable, Los romanos atacaron con denuedo, y á la tercera los, consiguió algunas victorias en España y subyugó acometida derrotaron por completo á los maoedonios, a los orgullosos ligures. El cargo de cónsul no era eterno, y, mal de- su gra- que huyeron á la desbandada. Perseo, aterrado, se escondió en la isla de Samotrado, tuvo que abandonar el gobierno cuando bullían en su cabeza grandes proyectos de importantes con- cia; pero los romanos dieron con él y le condujeron prisionero al cuartel general de Paulo Emilio. quistas. El pobre monarca, que era un gallina- -dicho sea Pasado algún tiempo so presentó nuevamente como candidato al Consulado; pero ¡oh ingratitud romana! con el respeto que merece un rey; aunque éste sea El pobre hombre fuéMctima; de groseras coaccionen de Macedonia, -al encontrarse frente á su vencedor, electorales- -que ya. entonces se conocían, -y salió de- se arrojó humildemente á sus plantas, llorando como un chiquillo. rrotado ignominiosamente. ¡Mentecato! exclamó despreciativamente e! ro- Herido en lo más pro fundo- de su. dignidad, se retiró á la vida privada, en la que pasó catorce años dedica- mano. Pretendes con tus lágrimas aminorar mi Victoria, pero te engañas. La cobardía de un rey no amendo exclusivamente á, la educación de sus. hijos. gua el valor de su ejército. Tus soldados han luchado ¡Ya estarían bien educados los angelitos! con heroísmo. Por fortuna para ellos, no todos son Los negocios de Roma iban de mal en peor. Los distintos cónsules que le habían sucedido no Perseos. T luego, dirigiéndose al oficial de guardia, añadió: conseguían dar gusto á los electores. -Que encierren á este hombre y que le proporcioEl pueblo, arrepentido de su conducta, reconoció que Paulo Emilio era el único que podía sacarle del nen otra ropa interior, pues me da en la nariz que lo hace mucha falta. atolladero. La noticia de la toma de Macedonia con la prisión Se dirigió á él y le rogó encarecídaraente que TOIviera á la vida activa de la. política y que aceptara el de Perseo produjo delirante entusiasmo entre los romanos. Consulado. Paulo Emilio se apoderó de los riquísimos tesoros Paulo Emilio, que ya entonces frisaba en los sesenta años, se sacrificó en bien. de! país y tomó las rien- que guardaba el avaro Perseo, y anunció su entrada en Romacon todo el aparato que el caso merecía. das del gobierno. De un cartel de la época, que so conserva en el MuLa primera decisión de Paulo Emilio fué la de m a r seo de Bolonia, copio lo siguiente: char contra Perseo, rey de Maoedonia, con quien hacía