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maostro, con esa suprema eleganoia quo siempre le ha distingtiido de los demás diestros, cogió las banderillas, alegró á la res, y sesgando con la agilidad y juventud do sus tiempos felices, colgó los rehiletes en las mismas agujas, del bicho con tal procisión y acierto, que ol más exigente no podía señalarlo poro. La ovación fué inmensa, indescriptible, y en aquellos aplausos y on aquel desbordamiento del circo iba todo u n recuerdo para el viejo lidiador que, devolviendo sombreros y cosechando cigarros, retrocedía por ia mom nt i á otros días en que, vestido el trajo de luces, derrochaba ante los toros alegría y arte puro y castizo, llevando entre los vuelos do su capoto una gallardía y una gentileza que hacen de Lagartijo la primera figura del toreo contemporáneo, Ijucs nadie como él ha conserrado a n t e las rescs mayor naturalidad ni elegancia. Para Lagartijo ha, sido, como él misnio me decía, una de sus tardos más felices; el. aplauso para ol artista que ha sido tiene m a y o r e s y positivos encantos, porque vuelven á su m e m o r i a triunfos y prestigios logrados en una lucha tan esforzada y varonil como el toreo, y ISIDRO GBANÉ nada hay para los vic- jos más agradable que el recuerdo, odad en que se vive mirando al pasado, á la juventud que siempre fué, á las ilusiones yá realizadas, todo lo que hace la vida diolfosa y feliz. Con íoá ríyo terminó u n a de las épocas más brillantes del toreo; on su airosa capa se llevó secretos que hasta hoy nadie ha podido resolver. Por eso el nombre de Lagartijo vivirá siempre fresco en la memoria de todos los buenos aficionados, á quienes ofrecemos el último retrato del maestro, hecho expresamente para nosotros en estos días por el hábil Franzen. LAGARTIJO EN EL ESTRIBO íí í; Fotogra as Frai zm é I. vjo. UNA L A a e A DE LAGARTIJO