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r- Vití e BOCETOS SIÍÍ COLOR lSIK MHriK OPlia- IIMJLL. 1 Cnando empezó á escribir Manoio Juárez en ios papeles públicos, los óbices de la prensa y algunos de esos Aristarcos t a n indispensables en toda redacción como las tijeras y el Dioeionario d Laronsse, después de preguntar quién era Manuel Juárez y de saber vagamente que era un muchacho joven muy trabajador y imritorio todavía, exclamaban: ¡Pues tiene talento! Hace cosas, lo que se dice cosas, algTina. s un poco extravagantes; pero es original siempre y escribe con soltura. Cierta vez, estos Sow os llegaban á oídos de Juárez, y. el muchacho, tímido por temperamento, y como tímido amante de la soledad, de esa soledad que tanto place á las almas que n o e s t á n solas nunca, ó bien se perdía en las florestas de la, Monoloa, ó bien se encerraba en su humildísimocuarto de hospedaje, y rumiando las. frases laudatorias dirigidas á sus escritos y á su talento, saboreaba coii delicia el di otado, de origina, l, ese título, tan apetecido en la república de las letras como el de oaballero. del Toisónde Oro en las, mpnarquias d é l o s honores y ostentaciones sociales. Manolo. Juárez- escribía por aquel entpncés, muoho, y SÍemjprel, o, que escribía, era muy original la originalidad del muchacho no llegaba, siii: embargo, á que éste cobrara decorosamente sus: escritos, pues esa clase de originalidad; no l a han implantado todavía losiiteratos españoiest. peroá fuerza de escribir cosas originales y á fuerza de que su firiáa apareciera un día sí y otro también en los periódicos más leídos, Manolito Juárez se hizo un nombre y mejoró de hospedaje. Pudo, además, permitirse! ei lujo de i r algunas tardes en simón á la Monoloa, y hasta, mejoró su prosa, que en los primeros escritos del muohaclio mareaba al lector repitiéndole al final de cada párrafo: ¡yo he sido verso! Juárez, poseedor ya de lo que se llama una firma en el mercado literario, coleccionó en un libro sus cuentos y fantasías desperdigados por los periódicos, bautizó el tomo con un título muy original, alcanzó la originalidad de que el libro se vendiese, y los críticos de los periódicos dijeron al aparecer él libro que ios cuentos que contenía eran muy originales; ei público lo repitió, y el autor, coqueteando con su originalidad, se guardó más de dos mil pesetas que le produjo el libro, sin despilfarrarlas en cenas, amoríos, borracheras y estupideces, como era práctica constante entre los chicos originales que abortaba la literatura por aquellos tiempos. Dueño de su vida, ó al menos de un corto período de ésta, Juárez se propuso escribir una novela sin seguir ni obedecer los cánones de ninguna escuela ó moda literaria, admitiendo como única musa á la verdad y profesando la religión de que la verdad en lo humano es todo, ó dicho más claramente, que todo es verdad en lo humano. Yo conocí á Juárez cuando éste comenzaba su obra magna, y nos hicimos muy amigos. Era el pobre Manolito uno de los seres más honrados y de delicadeza más exquisita que han pisado esta mísera tierra. Tenía alegrías y candideces infantiles, y por nada del mundo hubiera hecho daño ni á una mosca. ¡Alma de Dios! Su única debilidad consistía en creerse óriginalísimo escribiendo; pero aun de esto eran más responsables los críticos al decírselo á cada momento, que él al creerlo. Terminada la novela, quinta esencia de la originalidad por el argumento, por los. caracteres y aun por el estilo, dióla á la estampa un editor medianamente generoso, y l a obra obtuvo brillante éxito de. librería. Los periódicos, ya se sabe, insistieron en lo de la originalidad de Juárez, y éste era completamente feliz y se dormía oliendo el pprfume de las rosas que teñían sus sueños. Pero cierta tarde le dijo en el café un amigo cariñoso: -Oye, Juárez, ¿no has leído lo que dice de t u novela La ZTZíiwa Be- yisía. -No; ¿qué dice? respondió tranquilamente Manolo. ¡Chipo, horrores! Dice, que se parece como una manzana á otra manzana á la novela La hora negra del escritor rusp Pablp Koíf. ¡Canallas! exolamó furiosamente Juárez; ¡pero si yo no conozco esa novela é ignoraba hasta la existencia de t a l escritor! -Pues chico, el articulista se complace en amontonar coincidencias, que verdaderamente son muy extrañas- -Oye, preguntó Juárez levantándose, ¿esa novela estará escrita en ruso, naturalmente? -Claro: pero la tienes traducida al francés.