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pío, como dice lá gento de abajo, que un señor respetable que se debe á Cuerpos oonsuitivos chicolee como si fuese un pollo: a 8 Íj. e ejercen de matute. La gente moza, como no tiene por qué ooultarseí, acude bulliciosamente, invade las mesas y llama fuerte; la camarera de turno no recoge de la turba la propina que de la gente granaditá; pero en cambió oye con más gusto y se engalla mejor cuando escucha de labios jóvenes requiebros y donaires, y hay aquello de ¡ándeme usted por el mundo! y quisiera yo entrar una noche en él Banco de España y que usted me esperara a l a puerta, para irnos ácasitajuntos! y ¡esustedla reina de las chufas y más marchosa que u n pasacalle militar! También las horchaterías suelen ser víctimas de algunas familias eoonómioas; y digo victimas. porque se posesionan de una mesa, piden una grande para seis Con un chico de limón ó siete individuos, y se alimenta una pasión. se están toda la tarde, mano sobre mano, sobro Mahou ó Santa Bárbara. Estas familias me producen verdadera admiración porque tasan la sed, y mientras los padres beben un vaso grande, los descendientes se conforman con un dedo, ó con admirar la etiqueta. Otros hay que no tienen donde pasar las horas del calor, y con pretexto de esperar á un amigo que, naturalmente, no llega nunca, se están leyendo periódicos, que piden al dueño de la horchatería, y bebiendo vasos de agua, que la pobre camarera sirve con la voluntad que es de suponer. A los que ejercen de novios de las chicas que sirven, casi les está prohibida la entrada en el establecimiento, porque, naturalmente, las pobres muchachas suelen emocionarse y cambiar de color y de servició cuando el objeto de sus amores las dirige la palabra á la vista del público; así que sé limitan á pasar discretamente por la puerta y suspirar de modo tan lamentable, que Jiasta las garrafas se deshielan. UN PUESTO AL AIRE JLIBRE Para las otras capas, ó mejor dicho, para ios últimos embozos sociales, está el puesto de jhorchata, el situado en la esquina de la calle, con el valenciano detrás del puesto sacudiendo las moscas; allí la horchata es más barata, y hay vasitos de sinco y de dies. No tiene más inconveniente que el refresco hay que tomarlo sobre la marcha, do pie delante del puesto. Este es el refresco de la muchacha que sale del taller, del soldado, de la niñera y del ama de cria, compatible con los cacahuets y la mojama fresca de Alicante. Se simplifica todavía más, pues queda el ambulante, el de la horchata hela, que con la garrafa en una mano y la cesta con vasos recorre las calles á las horas en que Eebo es más rubicundo. Este es el gran refresco para las casas de vecindad; el de la horchata hela entra en el patio, y bajan ¡HORCffATA HELA! las vecinas con sus jarras, para refrescar toda una familia. Pero como me decía uno que era más fresco que las chufas, donde está el aguardiente, lo demás es un decadentismo- El aguardiente es el primer refresco, y tiene la ventaja que sirve para todo tiempo; en invierno abriga el estómago más que una manta, y en verano más Que la sombra. ¡Cuidado con la eerreza, no te quedes sin cabeza! Fotografías Asenjo en verano vale L U I S ABALDÓN