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couero o y ellos sucia la camisa, lo cual siempre es un consuelo. Allí siguen las tertulias agradables del invierno, y unos juegan á las prendas y arman el primer jaleo, y otros juegan á otras cosas que no son cosas de juego, mientras papas y mamas se entregan al dulce sueño. A veces toman barquillos ó agua fresquita del Berro, y los novios á las novias muestran su entrañable afecto regalándolas ramitos de claveles á diez céntimos. Y así una noche tras otra, hasta que al fin viene el fresco y prosiguen las tertulias en casa, junto al brasero, chicas y chicos jugando viejas y viejos durmiendo, exactamente lo mismo, lo mismo que en Recoletos. EL SASTRB DEL CAMPILLO D I B U J O DK BLANCO CORIS w r B Colón á la Cibeles y ambos lados del paseo on las sillas, que están frescas, porque es su armazón de hierro, ora en animados grupos, ya en parejas ó bien sueltos, en cuanto llega- el verano con sus calores de fuego, siéntase todas las noches un millar de madrileños al que la asfixia y las chinches lanzan de sus aposentos altos, muy altos de piso, bajos, muy bajos de precio. Eorman este contingento personas de pocos medios que no cuentan con recursos para irse de veraneo, ni siquiera á los Jardines, porque es un gasto supérfluo para hecho todos los días, y están muy malos los tiempos Pensionistas, estudiantes, empleados subalternos; D que no tienen quien las saque, porque su papá está enfermo; las de Camámez, que ceden una sala á un caballero con ó sin las de Pespúntez, huérfanas de un farmacéutico, que una cose para afuera y otra cose para adentro; y en fin, esos que Tabeada retrata de cuerpo entero en torno de una camilla jugando al julepe á céntimo. Tales son los que concurren en verano á Recoletos, donde por un perro gordo se pasan tomando el fresco tres horas todas las noches, y economizan dinero, pues no encienden luz en casa; y además, como está aquello también sin luz, pueden ellas j S 5 ii Sf f- -Í Í i yA c- iji,