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J 8 TI I. I ii mil 11. senté las luchas sostenidas por nuestros abuelos en pro de M 11 1 sólo en dos días del añ- o luce sus uniformes y fornituras: uno I 11 2 de Mayo, en que da guardia al Obelisco, forma en la pro M i I. 1 V desfila el primero á tambor batiente bajo los toldos del Pradi 1111 1) i de gala para los milicianos veteranos es el 7 de Julio, que evoca i i 11 iii.il I mayor de la Milicia sobre la reacción, triunfo memorable porque fuó d 11 ogaüdad y la justicia, y porque los bisónos milicianos, al derrotar á los I 11 i s y veteranos granaderos de la Guardia Real, ni se embriagaron con la victoria ni osaron ii 1 1 á la persona del rey, cuya doblez é hipocresía jamás se puso de manifiesto como en qULi día 7 de J: ilio de 1822. Sobradamente conocido el hecho, no está de más, sin embargó, recordarlo aquí al celebrarse su 77 aniversario. Y fuó que los batallones de la Guardia Real, no muy conformes con la Milicia ni- con la Constitución, ansiaban la vuelta del régimen absoluto animados por la camarilla palaciega y por el propio Fernando VII, que era entonces el. primer conspirador da España. Varios atropello. 3 realizados contra el pueblo por los granaderos de la Gu- irdia dieron á entender bien claramente sus intenciones, selladas finalmente con sangre al ocurrir el asesinato de Landáburu en 30 de Junio. Pocos días después dos batallones se declararon en abierta sublevación, marchando con armas y bagajes al Real Sitio del Pardo, de donde volvieron en la noche del 6 de Julio con ánimo de acuchillará la Milicia y proclamar acto seguido al Rey absoluto. Descubierto el intento de los nuevos pretorianos, la Milicia nacional entró en combate, desarrollándose la acción en los callejones de Boteros y de la Amargura (hoy Siete de Ju ioJ, dmdí se distinguieron el brigadier Palarea, el famoso Cordero y otros caudillos de aquel día inolvidable. La victoria fué completa para las tropas de la Constitución, y declarados en fuga los batallónjs de la Gaardia Re. il, fueron acuchillados por Ja caballería, siendafami que el propio l? ey, viendo perdida su causa, azuzó desde un balcón de. Palacio á los perseguidores. Dice, en efecto, i n e? critor qu 3 al llegar á este tiempo Morillo (capitán general de JMadrid) á las puertas de Palacio, el rey se asomó al balcón y le mandó perse y guir á los batallones de f u guardia, gi itar do: ¡A olios! ¡á ellos! Rasgo de cobardía y de bajeza- -añade- -indigno de un pecho honrado. La jornada del 7 de Julio do 1822 es famosa en los ana es políticos de España, no por la duración de la lucha ni por la sangre que en ella se vertiera, aunque muy Sí nfible por sor toda sangre de hermanos, sino por la naturaleza de la con, piración, por el heroísmo con que fué rechazada y por la templanza y sensatez con que; sé condujeron en aquellos momentos los vencedores. En menioria del hecho, y ya triunfante y consolidrtdo muchos años después ti. régimen, constitucional, el Municipio dá Madrid dio á la calle de la Amargura el nombre que hoy ostentn, colocando sobre el arco que da entrada á la Plaza Mayor una lápida de mármol blanco donde entre dos famas se lee la inscripción siguiente: lnsh, r. rnns dd 7 d: Tidi. ¡ilr. 1 fl sisnmnte: A los héroes del 7 do Julio de 18.23. 9 o DIBWO DE ESTEVAN L. B. D. NICOLÁS RIVAS ABiNDBRADO DEL BATALLÓK ACTUAL