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-V í V... -rf -Alc. i ÍP EEIHAS DE ESPASA DOÑA MARlA DE INGLATERRA SEGUNDA ESPOSA DEL REY FfiDIPE II Cuando no contaba más quo dieoisiete afios de edad el hijo del emperador Carlos I de Esnaóa v no e r i m W p r i n c p e heredero de la corona, casó con su prima la princesa Doña María, hija del rey D J u a n I l H Era esta princesa, segán caeata la Historia, muy agraciada, bonita de cara, algo más gruesa quo del- ada y de mucho donarre en toda su persona. Tenia la misma edad que su esposo, y é te la amó mucho pero su riT 4? r: f Z TI r f P f -v a n a d o s e l í s de J U K! de lo45, al octavo día de haber dado á luz un hijo, que fué andando el tiempo el desdichado príncipe D Car os, que con sus extravagancias y desequilibrios mentales tanto ha dado que hablar á la l e y e n d s l l d o h í o e de dramas y novelas no muy sujetas á la verdad histórica yenaa, sienao neroe líueve años estuvo viudo el príncipe D. Felipe después de la muerte de su adorada esposa, y no era entonces el melancohco personaje que retrató mucho más tarde Pantoja, sino un gallardísimo cabaUero de exquisita elegancia y distinguido porte. Cuando se inclinaba á tomar, después de su larga viude. por s e 3 a esposa a una hermana de su primera mujer que le recordaba mucho los encantos de su adorada m u S a recayó la corona de Inglaterra en Doña María, hija legitima de Enrique V I I I y de la infanta de España Soña C. ta ma, hija de los Reyes Católicos, y la razón de Estado, sobreponiéndose á los impulsos del c o r a z L h zo raL sr ¿frírdí! grattTa p Tenia ésta cuando se casó con el gallardo príncipe español cuarenta años; era de una fealdad subida, v aunque de conducta intachable y de gran celo por la santa Religión católica, de un carácter áspero y rudo que hacia su trato muy desagradable. Las capitulaciones matrimoniales, en las que se estipulaba que la reina no había de salir nunca de Inglaterra a no ser á petición suya, que allí había de criar á sus hijos, que el primogénito había de ser rey de aquel país y que el rey consorte no tuviese más que un número limitadísimo de criados españoles, componiéndose su alta servidumbre de caballeros ingleses, disgustaron mucho al príncipe; pero puesto en el camino de l l obediencia consumo e sacrificio, y con lucida comitiva y al frente de numerosa escuadra se embarcó en el puerto de la Coruna y llego á la isla de Wight el 19 de Julio de 1554. El 25 del mismo mes, santo del glorioso patrón de España, Santiago, se celebró con gran solemnidad en el palacio de Winchester la boda, siendo bendecida la unión por aquel obispo, asistido por otros prelados; y después de la misa, en que los dos esposos comulgaron, fueron proclamados royes de Ñapóles v Sicilia y duques