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V mi, tt -s comprarle la pareja de bueyes que poseía. Paohín acudió tranquilo y sonriente como en otros, tiempos, pero con una expresión de malicia en el rostro que molestó mucho á Magdalena desde el primer momento. -Te llamo, dijo Magdalena de repente en cuanto estuvieron solos, para saber si me has olvidado por completo. Tonta serás si crees en olvido, contestó Paohín con su pintoresca construcción del castellano. -De modo que aún conservas afecto á tu Magdalena. -Afecto, no sé qué llamas; bonita es bella García. -No me llames así; para ti no puedo ser más que Magdalena. -Magdalena nunca serás ya, pero guapa estás ahora. La bailarina hallaba en las palabras de Paohín un tono que la hacía daño. Apenas si entendía su enrevesada sintaxis, pero en el gesto adivinaba que su antiguo novio no la hablaba como en otro tiempo. Para penetrar más á fondo en aquel corazón, se decidió á exponer sin más rodeos todo su pensamiento. -Pachín, le dijo, yo no te he olvidado nunca; al volver á este pueblo he sentido renacer todo mi cariño, y si quieres podemos ser muy felices, porque yo tengo mucho dinero y nunca tendrás necesidad de trabajar; pero yo, añadió con toda la coquetería posible, ya no te gusto. -Que más que nunca gustas, te digo, respondió Paohín; más guapa vienes que fuistes. -De modo, dijo olla poco menos que temblando, que podemos reanu lar nuestras relaciones. -Relasiones deseo yo más que tú, contestó Paohín poniéndose rojo como una cereza. -Entonces, preguntó Magdalena, antes de un mes podemos casarnos. ¡Casarme quieres tú! exclamó Paohín soltando una estruendosa carcajada. La vergüenza grande sería para mí. ¡Entonces cómo me quieres! gritó furiosa Magdalena; y sin darlo tiempo á. replicar le lanzó los más groseros insultos, sin olvidar el de pobretón, que era para ella el más ofensivo. Cuando se hubo cansado de injuriarle, y como quien ha llegado á hacer un descubrimiento grande, dijo: -Acabo de abrir los ojos; todos los hombres sois- iguales: unos canallas para la mujer; lo mismo ores tú quo los príncipes rusos que yo acabo de tratar. Paohín, repuesto de la sorpresa que le produjo la salida de tono de Magdalena, se contentó con decir: -Para bella García, canallas serán príncipes y Paohines. Para Magdalena, caballeros so portai ían desdo emperador de Rusias hasta pregonero de Errázula. La culpa tuya es, pues. Y sin añadir una palabra más, salió tranquilo de casa de Magdalena silbando un zortzico populai La bella García no tuvo valor para contestar. Al día siguiente salía del pueblo con la tía Maurata, desistiendo para siempre de sus proyectos de vida tranquila y honrada en el pueblo donde vio la luz primera; En el momento de perder de vista para siempre la torre do Errázula, la tía Maureta so puso en pie en el carruaje, y volviéndose hacia la aldea exclamó: -Los demonios te lleven, Paohín, que hija que vale millones desprecias. Magdalena obligó á sentarse á su madre. -Cállese usted, la dijo. Pachín tiene razón. Y comenzó á llorar amargamente. Los alegres campanillos de los caballos y el rodar del vehículo ahogaron los sollozos do Magdalena, al tiempo que una nube de polvo ocultaba para siempre á las viajeras la cruz de la torre de Errázula. DIBÜJCS OE M É N D E Z B R I N S A EMn. 10 SÁNCHEZ PASTOR