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en un libro de rezos, al resplandor de una lámpara que muestra con su claridad una mesa con medicinas, con u n revoltillo de tarros, vasos y tazas. El reloj del edificio da de- tiempo en tiempo la Lora, unas campanadas que suenan allá, arriba, muy lentas, en el espacio. Una sombra pasa por delante de la hermana. La beata mira. Es la nueva asistenta de sala que liaoe su primera guardia, que va sin duda á ver si hay algún vaso que vaciar. Es una mujer honradísima y callada y de una voluntad á prueba. La casa está muy satisfecha de la adquisición. La mirada que al oir pasos suaves se apartó de la oración, vuelve á e l l a después de saludar con cariño á la criada, y la menestrala pasa y sigue por entre los lechos, latiéndola el corazón con un golpeteo que hasta podría oírse en el silencio nocturno. Aquella es su oamita, la octava de la derecha. Una mano irresistible tira de la nueva asistenta; pero se con- que descansa insomne una cabeza blonda de niña de diez años, de grandes ojos, mal envuelta en un gorrito. La pobre criatura sufre rancho, no puede dormir, y no cesa de llamar con su voz de pájaro joven á su madre. Ahoramismo acaba de pronunciar con angustia el dulce nombre. ¡Madre! ¡madre! -i Aquí estoy, á tu lado! exclama muy bajito la asistenta nueva. ¡Cómo la miran los ojos grandes! ¿Será verdad tanta dicha? ¡Sí lo es! ¡Es ella, su madre en persona! ¿Pero cómo allí y á aquellas horas? Y viene la explicación en voz queda y arruUadora. Está de criada en el hospital de niños. ¡Qué alegría! Sí, sí, pero han de aparentar que no son ma Í: dre é hija, porque si se averiguara la despedirían. El reglamento no consiente esos parentescos. Fingirán, y así la niña la tendrá siempre á su lado. Ya sabrán aprovechar mil ocasiones para hablarse, y por lo menos se verán á menudo. ¿Conque por eso no fué los días de visita? ¿Para que no la conocieran? ¡Pues bien creyó que la había olvidado! Detrás del biombo se ha suspendido el rezo. La hermana se acerca. ¡Adiós, adiós! Reméteme el embozo. ¡Oh, Jesús mío, qué bien se siente la enfermita! ¡La primera noche que coge el sueño y se queda dormida como un lirón! ALFONSO PÉREZ NIEVA DIBUJOS DE VÁRELA