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líos; en fin, la variedad más atrevida y looa, conjunto abigarrado de prendas inferiores que constituyen interesante 0 t, y nmy particular exposición Bf indumentari a. KP El Manzanares se desliza por su cauce enorme, dividido y subdividido en microscópicos arroyuelos. Es como si un hombre solo y sin familia habitase en desoomu, nal palacio. Sobra cauce, ó falta río. Nuestros clásicos sé reían de él con gracejo, llamándole Lope río con mal de. piedra y motejánTENDEDERO DE HOPA dole Quevedo de arroyo aprendiz de río. En los bordes de los pequeños afluentes se colocan las lavanderas, formando animados grupos. Todas tienen la tez morena por el aire y los rayos que desde lo alto lanza sin piedad el rubicundo Pobo. Cubre sus cabezas un chillón pañuelo de yerbas LAVANDERA Ó un Sombrerazo de paja que les oculta la cara. Ostentan manos descarnadas y huesosas. Especie de anfibias, viven alternativamente en la tierra y en el agua. Que trabajan mucho y ganan poco, no hay para qué decirlo. Suelen tener familia, y en estos casos, todos los que la forman prestan auxilio en las faenas. Hay dinastías enteras dedicadas á lo mismo. El padre recoge en las casas la ropa sucia; la madre no tiene más ocupación que tenderla después de lavada; las hijas son las que realizan la limpieza, las que poseen el secreto de la metamorfosis en virtud de la cual los trapos pringosos y mal olientes vuélvensé, telas blancas, suaves, aromatizadaspor el jabón barato. Las lavanderas que son jóvenes y. tienen pequeñuelos que amamantar, los llevam consigo, y en el mismo cajón á que se hallan sujetas, de la- misma manera que los siervos do la gleba vivían adscritos al terruño, acomodan blanda cuna para el rorro. Otras llevan prole más crecida, y es curioso notar cómo mientras la madre hace, por ejemplo, la colada, los arrapiezos idean y traman las más audaces picardías y travesuras. Y es que el medio convida á la alegría, pues aunque allí EN LAS PILAS 36 sufre y. se pasan fatigas, nunca falta la frase picaresca y el chiste agudo ó ingenioso. Eso es fruto de nuestro temperamento meridional. Padecemos desastres, cala midades, pérdidas de territorios, y nunca nos falta l 8 j B B b j j t- j; y J álos españoles lo que el marqués de Mirabeau titu K H? F? ¿T B P Í 3! S W Í Í U- Í -í- TíHíB laba foná gaiüard, fondo de humor y regocijo. Permanecen las lavanderas echadas siempre hacia adelante, en posición que los médicos llaman genu pectoral. Para preservarse de la mortífera humedad del suelo están metidas de rodillas, como haciendo perenne penitencia, en un cajón. La primera vez que las contemplé en tan penosa postura, lo hice con ojos de poeta, se me antojó que por ley, de inercia, la embarcación y su tripulante debían precipitarse sobre las sucias y jabonosas ondas del Manzanares, hasta que al ñn parecióme descubrir en la mugrienta madera de aquellos artefactos, que luegO: supe se alquil, a. ba, n á diez cénti- m. os, el histórico lema: Flucliíat nec mergitur. GABRIEL R ESPAÑA Fotografías Asenjo LAS LAVANDERAS EN ACCIÓN