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4 S. r- r h tf- -i. S K F rJI i í M i- -jÍ 4 JSgCTp VISTA GESERAL DE LOS t, AVADÉEOS DÍL MANZANARES I JL 3 XVJLYJLMIDKELJLB Cuando cojo la pluma para ocuparme de la mujer que trabaja y gana con el sudor de su frente el pan nuestro de cada día siento una satisfacción extraña: creo que he de sumergirm. e en las profundidades del más interesante problema sociológico, y alégrase ¡ni espíritu coii el recuerdo de las generosas teorías feministas; m. as de pronto observo en derredor, y mi alma rebosa de angustia y pona: colosal distancia separa la teoría y la práctica; entre las concepciones metafísicas del ideólogo y la negra y desapudorada realidad de la vida, hay un abismo. La mujer pide derechos, igualdad, independencia, y el hombre cierra egoísta Í: sus oídos y la mantiene en un estado de irritante preterición, de perpetua inferioridad. La mujer lucha, se esfuerza, pelea por el alimento y el vestido, las dos únicas aspiraciones de la hembra salvaje, renovadas en plena civilización por la infeliz proletaria, y el hombre la deja abandoUNA AYUDANTA nada; no ampara su de? fl i- t bilidad, ni la protege, ni la ayuda. Dignificar el trabajo de la mujer no es, como oreen jes ciertos sabios con telarañas en el entendimiento, lema exclusivo de revoltosas escuelas socialistas; DESBROZANDO EL RIO todos los hom. bres de buena fe podemos agruparnos en torno de una bandera que simbolice cristiana redención del sexo débil. Ayer hablé de la telefonista, hoy toca su turno á la lavandera; mañana. puede que llegue á la planchadora, á la modista, olvidada presa de los insanos obradores, á la criada de servir, victima la mayor tal vez do la organización económica. ¿Habéis visto el pintoresco panorama que brindan las lavande Si ¿ras madrileñas en las orillas del Manzanares? Allí, aquellas verdaderas heroínas del trabajo rudo, han dado vida á un ambiente lleno de colorido y animación, i Ocupan gran espacio los tendederos con sus frágiles palos cubiertos de nudos y chichones, que se sostienen mutuamente en su relativa perpendicularidad, gracias á las cuerdas que los unen por su paite superior, y que parece que las tienen atadas al cuello. De esos cordeles, curtidos por el sol, delgados y semideseohos, útiles merced á frecuentes enlaces y composturas, penden ropas de todas clases y procedencias, pantalones, camisas de doi mir, enaguas, fundas do almohadas, la blusa de la niña elegante y la blusa del obrero pobre, medias v pañuelos, calcetines y calzonci- W mm -m h- yMm MOZO DR LAVA DEBO i- i