Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
-Abí pai eoe. ¿Y quién ha sido? -Sila, el Dictador. ¿Sila ha matado á esos desgraciados, y Sila vive, todavía? -Chico, no grites de ese modo, quo pueden oirte. ¡I n f a m e! ¡canalla! ¡Por los clavos de Cristo! (1) ¡Dame, dame tu espada, que quiero atravesar él corazón de ese tirano! Vaya, vaya, á casita, dijo Sarpedón, no sea que hagan con nosotros lo que han hecho con los proscriptos. Y cogiendo en brazos á Catón y tapándole la boca para quo no gritara, salió más que de prisa del palacio. Ya en la calle, el niño dio rienda suelta á. su indignación, jurando que en cuanto fuera hombre no consentiría aquellas crueldades. ¡Abaj o los tiranos! exclamó en un arranque de cólera. -Bueno, abajo con ellos; pero dilo más bajo, no vayan á prendernos por conspiradores. Desdo aquel día Sarpedón puso gran cuidado en la educación de su discípulo. -Este niño, se dijo, será un buen ciudadano. En él tendrá Roma un decidido defensor de sus derechos. Y tenía muchísima razón al decir lo que dijo Sarpedón. Aquel niño se hizo hombre, dice un bicgrafo. íío me sorprende la noticia. Lo verdaderamente extraño es que aquel niño se hubiera hecho muj er. En fin, estamos en que Catón se hizo hombre, y como Sarpedón había previsto, jamás hubo en Roma quien con más calor defendiera sus libertades y sus derechos. Era orador elocuente y fogoso, pero tan excesivamente modesto, que jamás esjribió ninguno de sus discursos. El único que de él (O Elhi- t jrlador, queatrituj eestaírase i5 Sarpedón, está equivocado. Sarpedón tío ha ocUiio decir esO, por la sencilla razón de lun en la ípnca á que U 08 referimos Cristo no liabia nacííio tpdavia, y por consiguiente no liabía podido ser crucificado. se conserva y del que habla Salustio, fué copiado por los taquígrafos que Cicerón tenía en el Senado cuando la famosa campaña contra Catilina. Catón bi illó también en la milicia. Siendo oficial se batió como un valiente. El cónsul Gelio le propuso para capitán, pero Catón rechazó el ascenso por inmerecido. -Te has batido bravamente, le dijo el cónsul. Mereces los galones de capitán. ¿Que me he batido, dices? ¿Pues qué querías que hiciera? Nos atacaban, y era preciso defenderse. No he hecho más que cumplir con mi deber. ¿Acaso el que cumple con su deber merece recompensa? Y no hubo manera de convencerle. (En las escuelas militares y no en las de primeras letras es donde hoy debieran prodigarse los Catones. Elevado más tarde á la dignidad de Cuestor, se opuso, como hombre íntegro, á pagar las pensiones que Sila había señalado arbitraTiamente á unos cuantos protegidos suyos. -Mira lo que haces, le dijeron. Esas pensiones están acordadas por el Dictadoi- Son para sus paniaguados. ¿Para sus paniagualos? Pues que sigan á pan y agua. Si quieren sueldos, que los pague Sila de su bolsillo particular. El Erario público no es patrimonio de ningún jefe de gobierno. (Xo estaría de más que hoy se repartieran también algunos Catones, para enseñanza de nuestros m. inistros de Hacienda. Catón tuvo dos hijos. Mejor dicho, tuvo un hijo y una hija. Esta, que se llamaba Porcia, se enamoró locamente de su primo Bruto, hijo de Scrvilia, hermana de Catón, y de la que dicen si tuvo ó no tuvo que ver con Julio César. Catón, que quería mucho á Bruto, accedió gustoso á los deseos de Porcia, diciéndola: Ea vuestra. dicha, consiento, y con Bruto no discuto. Casaos, pues, a l m o m e n t o T u p r i m o B r u t o es u n B r u t o de m u c h í s i m o t a l e n t o un.