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NTCRYICW A DEC. -Vengo á felicitarte, amigo Lanas, por eTclía de tu santo. No siempre haa de ser las felicitaciones para los ricos y los poderosos. Tú eres tan J u a n como el primero, y- ¡Sí, buen día de mi santo me espera! Mi mujer con antojos otra vez, mis chiquillos sin zapatos, yo sin trabajo y sin dinero, y el amo de la casa amenazándome con poner en la calle estos cuatro trastos viejos que ve usted. Pero lo que más me pudre la sangro es que al portero de la casa de enfrente, que estuvo en la facción, le hayan hecho guardia de Orden público. Vamos, que hay cosas qne no se pueden resistir. ¿Y á ti qué te importa que el vecino de enfrente tenga mala ó buena fortuna? Descrísmate á trabajar cuando encuentres trabajo, amigo Lanas, y confía en Dios y espera en Polavieja, el cual va á regenerarnos apenas se le arregle eso de la vista y discurra un nuevo uniforme para la Infantería. -Caramba, Sr. Ginés, y qué me alegraré de que sea muy bonito. Cuando yo serví al Eey- -y m. e llamaban, naturalmente, Juan Soldado, porque en la milicia lo primero que hacen es cortarle á uno al rape las Lanas, -estrené también un uniforme que le había sacado de la cabeza otro ministro de la Guerra, ¡y estaba más majo con él, si usted me hubiera visto! Eso sí, el rancho no era muy sustancioso, y la campaña que hicimos fué muy dura, y yo estuve seis meses en el hospital ¡pero qué uniforme tan bonito! Pues todavía nos dieron otro después, discurrido por otro ministro de la Guerra, que nos gustaba más, pero no tanto como el tercer uniforme que- -Oye, excelente Lanas, ¿tú cuánto tiempo estuviste en el servicio? -rTres años: veinte meses en filas y dieciséis en el hospital. ¿Y cuántos uniformes estrenaste? -Veintidós, sin contar las sábanas de las camas do los hospitales. ¡Qué tiempos aquellos tan hermosos! ¿verdad, Sr. D. Ginés? -Hermosísimos. ¿Y ahora qué haces? -Pues ayunar casi siempre y rabiar sin casi. Cuando hay obra, trabajo; cuando no la hay, me tiro do las Lanas del apellido. ¿Y en qué trabajas, pobre Juan? -Hago sillas; soy sillero. -Pues no las veo aquí muy abundantes. -Es que yo las fabrico para que se sienten los demás. ¡Ah, ya! ¿Y te metiste á sillero desde que terminaste el servicio militar: -No, señor; entonces me dediqué á las faenas del campo, allá en mi país, donde hay muchas cepas. Por aquel tiempo me llamaban J u a n de las Viñas. Entre la filoxera y el recaudador de contribuciones nos dejaron tres años seguidos sin un racimo. Tuve que DIBUJO DB B L A N C O COEIS venir á Madrid á trabajar á lo que me saliera, y como lo primero que me salió fué un asiento en el estómago por haber hecho el viaj e á pie y comiendo tomates orados, me dediqué á cosas del asiento, y ¡claro! sin elegir yo el oficio, resulté sillero. ¡Ahí tiene usted lo que es el sino de las personas! Después de todo, si tuviese trabajo á manta, menos chiquillos, y la casa y los comestibles no me costasen todos los ojos de la cara y algunos más, yo viviría hecho un J u a n Lanas, tan contento y tan feliz, porque agarrándose uno á la guitarra cuando deja de trabajar y teniendo el cocido seguro, cada español es un rey. ¡Hola, hola! ¿también tocas la guitarra? -Sí, señor; aprendí en el servicio. ¡La guitarra era lo único que no nos variaban los ministros de la Guerra! ¿Y qué va á ser de ti, pobre Juan, si las cosas siguen malamente? Q é han de seguir así, Sr. D. Ginés! Usted me ha dicho antes, y muchos papeles lo publican también, que este Gobierno que nos cayó encima hace poco, va á regenerarnos á todos los J u a n Lanas españoles. Por m: i parte, digo yo que suprimirá los bancos, para que todo el mundo tenga que sentarse en sillas; ¡y no va á ser manera de ganar dinero la mía! ¡Ya puede entonces mi mujer tener antojos á pares! Y conao además de ganar yo mucho dinero se rebajarán todas las contribuciones, y los comestibles valdrán más baratos, y los alquileres de las casas saldrán por una friolera, vamos á vivir en este país mejor que en Jauja. Eso es lo que me consuela y me hace llevar con calma las hambres que paso y la perra vida que arrastro; sino, ¡créalo usted, D. Ginés! por muy J u a n Lanas que sea uno, hay veces que le dan intenciones de echarlo todo á rodar. Gracias que uno coge la guitarra, y copla va y copla viene En fin, como todo ha de cambiar en seguida en España, y nos van á hacer ricos de golpe, y nos van á quitar las contribuciones, y habrá trabajo y Viabrá paz, y habrá Porque hoy, ¡mire usted, don Ginés, se lo digo á usted como si me fuera á morir! lo único que tengo do algún valor es el apellido: Lanas. -Hoiubre, no es gran cosa, efectivamente. ¿Pero quién llama á la puerta? Alguno que vendrá á felicitarte- -Voy á ver ¡D. Ginés de mi alma, le he preguntado quién es, y dice que es el esquilador! Detrás viene. -Amigo Lanas, te quedaste hasta sin el apellido. ¡Felicidades por tu santo, pobre Juan! Pase usted, pase usted, Sr. Villaverde. GINÉS DE PASAMONTE