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viaL- í r i f 1- ai? r íí. y í -ti ¿r: S- jgfríR. KK Allá va en su yegua pía, allá va fruncido el ceño y sombría la mirada el Niño de los Almendros. Lleva en su oatalgadura manta de encarnados flecos, albardón con madroñeras, color de sangre el mosquero, la cincha y la baticola de cien matices; al viento flotando las sueltas orines del siempre enarcado cuello y del arzón suspendido un retaco que hace fuego solo, si el caso es urgente, según afirma su dueño. Luce el jinete lujoso marsellés de terciopelo con los caireles de plata; bajo el típico sombrero andaluz, sobre la nuca, IvJL 3I KRT 1 JL atado rico pañuelo; de pana azul los calzones; las polainas de becerro; el camisón de. batista con más bordados que un lecho nupcial en la cobertura; zapatos blancos de cuero, y asomando por encima de la faja, que hasta el pecho le sube, la empuñadura de su bien templado acero. Y llega el Niño á una venta, que domina, desde el cerro en que so alza, todo el valle, y soi prendido el ventero le dice: ¿Quién mal te quiere que por estos vericuetos te manda? -La suerte negra; la fortuna, que me ha vuelto la espalda; que me ha escupió de la iglesia donde tengo toditas mis devociones y la pila en donde quiero beber el agüita dulce de la fuente con que sueño. -Pos apéate y descansa y refréscate un momento. Siéntase el Niño á. la puerta sobre algunos haces socos de retama, bajo el toldo del verde parral, y el viejo, después de amarrar la yegua á un poste, con bronco acento, sentándose frente al Niño sobre un corte del terreno, le pregunta: ¿Y qué le pasa á un mozo de cuerpo entero con tantísimo sentío? -Qué ha de sucederme, abuelo;