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Ya tenemos en tierra de España y en la capital do la Monarquía, y on vísperas de salir para Zaragoza, el esqueleto de D. Francisco Goya y Lucientes, que ha estado más de medio siglo enterrado entre gaba, como decimos los baturros. Ese esqueleto viene sin cabeza. Algún admirador de aquel genio de la pintura debió profanar el cementerio ¡Me figuro al inglés (porque estos saltatumbas son siempre ingleses) saliendo al aniancoor del camposanto bórdeles con la calavera debajo del brazo! Pero en fin, con cabeza ó sin ella, los restos do Groya debían volver á la madre patria, y ahí están. ¡Trabajo ha costado! Somos el país menos patriota del mundo. Perdimos los restos de Cervantes, no sabemos adonde fueron á parar los de Lope, y ha sido menester una campaña periodística de oeh- o años para que un ministro se haya decidido á traer por fin cenizas tan sagradas. Si D, Francisco Goya levantara los hombros (porque la Labeza no podría levantarla) y viese su Madrid, lo reconocería en seguida. No le sorprendería más que el cambio de modas en los trajes de sus compatriotas; pero los sitios y las costumbres son los mismos. Vería su Manzanares tan pobre y tan poblado de, lavanderas con la posteridad en pompa, como entonces. Contemplaría el continuo merendar y bailar de la gente alegre en los Viveros: el domingo observaría idéntico entusiasmo que cuando f ...él ora mozo para ir el pueblo á los toros. Y con darse el esqueleto acéfalo un paseo por el Prado, hallaría una extensa illa do aguaduchos con las propias manólas y los propios chulos de antaño. No llevan ellos la redecilla ni ellas la basquina, pero los pañolones y los paveros serian muy del agrado del gran maestro. CASA KATAL DE GOYA E S FÜENDETODOS ¡Madrid no varía! Sus habitantes levantan casas nuevas, cambian los nombres de las calles, se visten á la moda francesa (como hacían en los tiempos de Goya) pero sus costumbres son idénticas. No pasan años por nosotros. El sacristán de la iglesia donde han depositado al gran esqueleto podría ofrecerle el brazo y pasearle por las calles de la Villa. -Miro vuesamercod el palacio do Godoy, engrandecido y rodeado de jardines. Allá abajo San Jerónimo Por allí pasa la procesión del Dios Chico. Oyo usarced predicar la Bula al son de los timbales? ¿Qué desea saber, lo que cantan aquellas dos chulas tan garbosas como las valientes del Dos de Mayo? Pues cantan seguidillas manchegas: y si quiere que vayamos á ver bailar el agarrao en la verbena de San Antonio de la Florida ¡San Antonio de la Florida! El esqueleto se busca la cabeza para volverla hacia la ermita, donde aún se admiran los frescos que el pintó. Allá abajo suena el piano de manubrio, que ha sustituido á Lis guitarras de marras; pero los torraos y las rosquillas y los buñuelos, ahí están á la disposición del madrileño pópulo. -D. Francisco, dirá el acompañante, aquella hermosa dama que va por allí guiando un coche de cuatro caballos es la duquesa de Alba. Y el esqueleto se estremecerá de placer y dirá con voz salida, no de la cabeza, sino del corazón: -La raza no ha degenerado; ¡aún hay duquesas muy reguapas y manólas que pasean el pañolón como a mi me gustaba! EusEBio BLASCO ElBüJO DE GASCÓN D E G O T O R I