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Este año todos los cristaleros de Madrid saldrán á veranear. Sus espléndidas ganancias les permitenj ese lujo burgués. ¿Que dónde veranearán? ¡Pues en el Monasterio de Piedra! Oído en el palacio de Buenavista: -Bien se despide de Madrid el siglo XIX, mi general. En pocos años hemos tenido un ciclón, un bólido y esta granizada. ¡Tres fenómenos de primer orden! -Es verdad; pero se olvida usted de otro fenómeno no menos importante. ¿Cual? ¡Mi Manifiesto! LA INVENCIÓN DEL GRANIZO POR UASCON (CUENTO BATURRO) c ¿L EN LA CALLE DE ALCALÁ Al fin alcanzaban éstos lo que tanto han deseado desde que salieron de su patria. ¡Que les cayeran las chinas lloTÍditas del cielo! Poco antes del pedrisco: ¡Señorito, unalimosnita por amor de Dios! -Déjame en paz; no llevo suelto. -Mire usted si lleva, aunque sean dos céntimos. -Te he dicho que no llevo. -Bueno, no se enfade usted. Otro día será. Menos da una piedra. Poco después del pedrisco: El mismo pobre, enseñando un chichón: ¡Señorito, da más! 1. Los labradores de un pueblo de Aragón pedían á su santo patrono que terminase la sequía. una tertulia og graj- ¡Yo he cogido picarás oosño ii U. ivuá a paioai l- ¡Yo, como albaricoques! s- ¡Yo, como manzanas! ¡Yo, como adoquines de la calle! El dueño de la casa, señalando los cristales rotos: Y o como piedras de amolar! Apenas cesó el pedrisco, formóse una verdadera riada que inundó desde el Hipódromo hasta la Puerta de Atocha. El Sr. Silvela, que se hn. llaba en el Congreso, quiso bajar por la Carrera de San Jerónimo á presenciar la inundación. Pero varios diputados ministeriales, poniéndose ante él de rodillas, le dijeron: ¡D. Francisco, no baje Ubted, por Dios, que se va á encontrar on la Plaza de Cánovas con el agua al cuello! D. Francisco reflexionó, ¡y no fué! En cambio, el Sr. Sagasta presenció tranquilamente el pedrisco desde una ventana del Senado. Alguien le aconsejó que se retirase, porque podía alcanzarle una piedra. Y D. Práxedes, rascándose la barba, respondió: ¿Pero ustedes creen que todas las nubes que pasan sobre el Senado las dirige D. Germán? 3. iOtra! -exclamaron los baturros- ¡pues que la envíen sin moler 1 y el santo, asustado, se volvió al cielo prometiendo acceder á cuanto le pedían. 2. Tantas fueron las súplicas, que el santo bajó del cielo manifestando á los devotos que no había agua molida. ARBOLADO DE LA C LLK DE SiGASTA SIGUE EL PEDRISCO En el hotel que ootipa la embajada del Celeste Imperio, oausó la granizada inmenso regoeijo. A pesar de que la piedra no dejó nn cristal sano, todos los simpáticos habitantes del hotel, desdo el embajador hasta el último p nuhc con coleta, batían palmas en honor del meteoro. Se comprende la alegría de los chinos. 4. Horas después caía sobre el pueblo una tremenda granizada, y entre los truenos se oyó la voz del santo que exclamaba: -Puesto que lo queréis, ¡allá va sin moler el agua del cielo! Las fotografías de este Número Extraordinario son de los Sres. Blanco Coris, Asenjo é Irigoyen LOS VIDRIEROS EK CAMPAN. IMrKKNTA DK BLANCO Y SKGHOS