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KOL. -A las doce en punto estaré en tu ventana, y piensa en que si te decides á quererme, antes de quince días no serás Lola la Clavellina, sino la reina de las mujeres. después de decir esto se alejó lentamente D. IJXÚS de la ventana, on la que permaneció Lola hasta que aquél hubo doblado la esquina. Lola estaba hecha un mar de confusiones: no era para menos; de un lado su conveniencia, D. Luis, un buen mozo con más. oro que había en el Perú; del otro Joseíto, un chaval bonito, tunante y zalamero, pero que si no andaba en cueros vivo era por misericordia divina. Cuando D. Luis se hubo alejado, sentóse la gitanilla junto á una mesa, colocó en ella un codo y la cara, la preciosísima cara en la palma de una mano, y Dios sabe cuánto tiempo hubiera permanecido sumida en sus graves meditaciones á no haber penetrado en la estancia o tío Bitoque, un gitano más viejo que un palmar, más torcido que un garabato, vestido andrajosamente con el típico marsellés, Ja faja extendida desde un sobaco á una ingle, unos pantalones que eran la apoteosis del ziiroido, zapatos con la mar de ventiladores, camisón que ni la más leve huella conservaba de su primitiva blancura, y un sombrero que, según juraba su dueño, había sido de los llamados de catite en sus remotísiiuas mocedades. Penetró el viejo en la estancia con toda la libertad que le daba su parentesco lejano con la Clavellina, y con toda la lentitud que le imponían sus años y goteras y sentándose frente á la chávala, preguntó á ésta con voz un tantico aguardentosa: ¿Qué le pasa á mi clavel, que tiee tan triste la carita morena? -Jíaita, agüelo; que tengo el cuerpo oortao. ¡No es mal corte el que quiéen darle á tu gusto con un cuohillito do plata fina! ¿T tu parienta? ¿Aónde ha de estar? ¡En el puesto! -Oye, Lola, ¿quéa algo de aquel picaro de Faraján que es un ilisi? ¡Me vendrían más de chipé unas gárgaras! Se levantó Dolores, y sacando de una alaoenillauna botella, vació su contenido en un vaso que ofreció al viejo. Lo apuró éste poniendo los ojos en blanco, y después de relamerse y de pasarse el dorso de la mano por los labios, exclamó: -i Vaya si es cosa supcriorísima! ¡canela fina y azúcar cande! Cá enjuagatorio de éstos nro quita un año de encima; ahora á jachar jumo por tóos los poros, y tan y mientras tú me vas á dicir lo que le pasa á la gitanilla más graciosa de toíto el mundo, que j a sabes tú que este puri tiée un farol on cá pestaña, y él te dirá cuál es la mejor verea del monte y la d i t a más mejor de la mar salada. ¿Y qué quiée usté que yo le cuente? -iQué salías que tiées de quinquillera de poco polo! ¿Qué querré j o que tú me cuentes? lo que estás rabian iO por dioirme. -Si usté ya se sabe de memoria lo que me pasa. ¡Dejuro que me lo sé, salero, dejuro que me lo sé. ¡Lo que á ti te pasa es que estás en mita do un campo con dos vereas por delante, y no sabes por cuál do ellas tirar pa que tus cuentas te salgan más galanas. ¿No es la fija lo que te digo? -Cuando arremate usté, allá veremos. -Pos bien: una de las vereas os mas lisa que la parma de tu mano: pero á ti te da jindama de esa verea poique