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ESTATUAS Á VELÁZQUEZ Hemos Jogrado reunir en estas planas las principales, si no todas las esonlturas oon qno el entusiasmo de los artistas y la gratitud de los pueblos han tratado de eternizar la memoria del gran pintor, orgullo de nuestra patria. La q ue ocupa olprimer lugar en estas reproducciones es original del joven y laureado escultor Aniceto Marinas, y está destinada á conmemorar ol tercer centenario del bautismo del gran artista. El proyecto fué premiado en concurso público no hace muchos meses, y el público ha poiido admirar la obra en todo su tamaño, porque el autor, que ya en la última Exposición de BelJas Artes consiguió ol primer lauro oon su Legazpi. ha: presentado su estatua do D. Diego Velázquez en el certamen que actualmente se celebra en el palacio de la Castellana. Marinas presenta al gran artista sevillano sentado un un amplio sillón de estudio: el tiento la paleta y los pinceles ocupan sus manos, y parece contemplar ante el lienzo ol efecto do su última pincelada. La tigura de Velázquez, ya do por sí arrogante y varonilmente bolla, os realzada por los accesorios, colocados con mucho arto por el escultor: la capa larga arrojada al desgaire sobre la silla, y la carpeta de estampas ó dibujos que Velázquez tiene á E S T A T U A S E D E N T E P O R A. M A R I N A S los pies. PErtXTMA i INACBUEAKSE EN MAUKID La segunda estatua que reproducimos tiene de notable, aparte de su mérito propio, el sor obra de un artista extranjero y estar emplazada en París, como prueba de la fama universal de nuestro gran artista. Hará unos cuatro ó seis años, Fremiet, el notable escultor francés autor de la estatua ecuestre de Velázquez, expuso su obra on uno de los Salones de Mayo, y con este motivo la prensa europea se ocupó mucho de Velázquez y de la original manera como lo presenta Fremiet. El objeto primero del escultor fué, según parece, reproducir un hermoso caballo de pura raza española que había llamado la atención dol artisti en la plaza de la rué Pergolesse, construida en París para las corridas de toros á la española. La soberbia maestría oon que está ejecutado el caballo indica bien claro todo el cariño con que Fremiet acometió la empresa, y acaso al decidirse á completar su obra, haciendo cabalgar sobre el bruto á D. Diego Velázquez, no pudo ó no quiso prescindir do la sugestión que llevó á su espíritu la figura del alguacilillo do la plaza de toros, porque la verdad es que el pintor con ol sombrero recogido y la capa corta recuerda mucho aquella figura do nucsti- a fiesta nacional y djfiere completamente dol tipo do Velázquez tal como lo han expresado y ataviado siempre los artistas españoles. -Sin embargo, no deja de tener mucha delicadeza artística la idea de representar cabalgando al artista que tan hermosos caballos supo pintar, y por necesaria sugestión, la estatua ecuestre de Velázquez nos ESTATUA ECUESTRE POR PHÉ. MIRT trae á la memoria los famosos retratos de Felipe IV, PA R i 1