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LOS BUFONES DE VELÁZQUEZ La paleta naturalista del i n m o r t a l pintor, en poeas obras demostró tan á las olaras aquella cualidad como en esta serie do monstruos y es- tantiguas, ouya fealdad física y moral supo el pincel convertir en belleza para el arte. Y si cuesta trabajo reconst r u i r l a desgraciada época de l o s A u s t r i a s contemplando los retratos ecuestres del monarca y del Conde- Duque, vencedores en batallas que no ganaron, pruébase, en cambio, toda la pobreza fanfarrona y la degradación moral do aquel siglo x v n en los traj es ridículos y en las fisonomías trubanesoas de estos bufones enanos, bombres de placer locos, idiotas y degenerados, en cuyos retratos fué acaso Velázquez más sincero que en la pintura de los reyes, príncipes, damas y privados. No hay espacio aquí para analizar lo que la figura del bufón representó en las cortes desde los tiempos más viejos de la monarquía, ni siquiera de comparar á los bufones de Felipe IV, sólo conocidos por los retratos de VelAzquez, i on aquellos otros bufones de Inglaterra y de Francia en los cuales se inspiraron Víctor Hugo para la creación de Triboulet y Shakespeare para el bufón de M rey Lear. Hasta que D. Pedro de Madrazo descubrió que los retratos aquí reproducidos eran de tales bufones, puede decirso que no había noticias do su existencia: así, por ejemplo, PahlUlos de Yaüadolid era tenido por el retrato de un comediante; Pernio por el mismo Barbarroja, y el llaiDado D. Juan do Austria- po- r retrato de u n artillero. Todavía sigue creyendo el vulgo que el bufón de aquella corte fué D. Francisco de Quevedo, y mucho ha de difundirse la cultura antes de que el gran polígrafo y soberano ingenio español sea desagraviado como merece. Tres bufones pintados por Velázquez se conservan en el Museo del Prado: Pahlillos de ValladoUd, Pernia y el HaPABLTLtOS n B VAr. LADOLID H- 2, j L, y s. -Va h- K, 1 s Tí. 1 í A n aESBM Swffa h í ¡Ufes B M B M I H B I l pH HH iitillffft- llr w i Hi B DON SEBASTIAN DE MORRA EL PRIMO