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LA FAMILIA REAL Y LOS DUQUES DE CALABRIA EN LOS JARDINES DE PALACIO La vida del Estado no se alteró un. solo momento; cumplió entonces la Reina el penoso deber constitucional que la encargaba de la Regencia, y desdé aquel instante no ha tenido la Constitución española más fiel ni más celosa guardadora. Los crespones de luto que colgaron del Palacio de Oriente rodeáronla de una atmósfera de respetopor nadie desvanecida desde entonces; los partidos extremos, que aun en el reinado anterior habían promovido en las Cámaras peligrosos debates, calláronse, no sólo por la hidalga caballerosidad de la raza, sino porque ni hablillas ni rumores que jamás salieron del Alcázar regio podían justificar el temor de que mese aquél, como en otros tiempos, rival más ó menos velado de las instituciones populares. Las crisis laboriosas, las repetidas consultas de Palaoio. en esos días, la extinción de las camarillas palaciegas, el muro levantado entre los. corredores de Palacio y. los pasillos de las Cámaras, dicen bien claro cuan escrupulosamente ha cumplido eS poder moderador sus deberes constitucionales. Deberes penosísimos en un paísdonde por escepticismo ó desengaño, y acaso porque és- te engendró á aquéJ, la opinión pública se manifiesta poco y se manifiesta mal casi siempre, y en donde es, por consiguiente, un absurdo la graciosa frase atribuida á. Luis Felipe: -Nada hay tan sencillo como la conducta dé un rey constitucional ¿Que está. contento el pueblo? Pues me voy de paseo. ¿Que nO lo está? Pues envío á paseo á los ministros. La austera sencillez do la corte de España, tan distinta do aquella aparatosa ycoutinua exhibición de otros tiempos, se acentuó mucho más con el nacimiento del rey, á cuya crianza primero, a cuya ejemplar educación é instrucción sólida después, se consagró con toda el alma la Regente, convencida sin duda de la verdad que encierra aquella conocida frase napoleónica: i aueMirá Mn enfant, c est toujoursl ouvrage de. sa mere. Grilo, el inspirado poeta que tan sentidos versos ha dedicado á los reyes, terminaba n sí un Soneto á la Reina: Bajo el regio. dosel y el áureo techo una tarde en su quinta de verano, no la subyuga el brillo cortesano; un ramo de violetas en el pecho dejan su corazón más satisfecho y llevar á sus hijos de la mano. Y Charles Benoist, el escritor francés que tantas veces se ha ocupado de cosasde España, habla de la Regente: Si matemeüement reine et si royalement mere. De lo segundo es prueba la respetuosa obediencia de sus hijos, tan difícil de compaginar con la familiaridad cariñosa que una madre inspira; de, lo primeroatestigua la caridad inagotable de la Reina, que si deja al pueblo la franca libertad do sus alegrías, acude á él en sus trabajos, mostrando de la corona real, no la. pedrería rofulgente que deslunibra á los de abajo, sino la sencilla cruz que obligai JEFE DE á los de arriba. Luí R 0 Y 0 TILLANOVA