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LA INFANTA ISABEL, LA MARQUESA DE NAJERA Y EL SEÑOR COELLO EN LA SALA DE MÚSICA DE S ü ALTEZA mío que tengo en Alcañiz; sin duda, en esa consistía la fotografía humorística. Al salir, y rodeada de vendedores de todas clases, vi á la lafanta Isabel, oyendo con su bondad de siempre á todos aquellos comerciantes, comprando de todo: pitos, rosquillas, cestas, botijos. En una hora gastó la Infanta todo cuanto llevaba, y como quedara en deuda con algunos, los mandó ir á Palacio para pagarles al día siguiente, y en la misma cámara donde aguardan audiencia los notables y los prestigiosos, esperaban la tía Javiera, el vendedor de pitos y el nuecero, para hablar con la Infanta. ¡Qué señora! decían á la salida. ¡No la da reparo hahlar con los probes! Y es que para la Infanta constituye una satisfacción escuchar á la gente del pueblo, conversar con ella, enterarse de sus necesidades y acudir á sus remedios. La Infanta, que es una artista excelente, tiene en su gabinete los retratos de todos los maestros del pentagrama, y admiradora del bdl canto, se contempla en lugar muy visible un busto de Gayarre modelado por Benlliure. Cuando la Eeina se retira á sus habitaciones, la Infanta, si no va al teatro, pasa la velada en su cámara haciendo música y contestando su numerosa correspondencia con las cortes extranjeras, muy principalmente con la Infanta Paz, á quien siempre tiene que hacer alguna recomendación para los artistas españoles que van á aquella corte. Cuenta con las simpatías y el cariño de todo el mundo, y su mayor popularidad estriba en que va á los toros, aplaude á Guerrita, y co- mo decía la tía Javiera, no la da reparo hablaí con la gente róJe. Luis ABALDÓN