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n M KKVM y. Yv. vyy. f: íy 7 s vy. yyxi- rKV, íy EL ANTIGUO ALCÁZAR DESDE EL PUENTE DE SECOVIA (CUADRO ATRIBUÍDO Á VELÁZQUEZ) TAN SOLO MADRID ES CORTE (ESTAFETA DE UN CURIOSO) Do Madrid á do 1606 años. W Ayer, si no oon gran pompa, tampoco on todo secreto, á Madrid trajo su corte el rey mi señor y dueño. Escaso espacio he tenido de correr, de extremo á extremo, villa á que el pío monarca dio tales muestras de afecto. Pero para dar señales de que quise complaceros, por lo que hasta agora he visto, diré á usaroé lo que siento. La que oon nombre de Mantua designó ya Tolomeo, aquella villa que Ursaria se apellidó en otro tiempo, sin tener el alto entono de la gran Valisolotum, sin custodiar su recinto los históricos recuerdos que on sus iglesias mayores y en otros mil monumentos guardan la vetusta Burgos ó la aún más vieja Toledo, sin que los pobres vestigios del muro que la dio cerco laman con sus amplios cauces claros Betís ó anchos Ebros, 1) El día y el mes estátt il Sgtb ea en el original. tiene en su misma modestia un entono tan discreto, tales humos de hidalguía le da su porte altanero, que si hay alguno que dice y lo dirá andando el tiempo, tan sólo Madrid es corte, ésta es del rey el asiento por más que los maldicientes le tachen de lisonjero, diciendo la verdad llana, cumplido habrá como bueno. Que son los desnudos olmos que dan som. bra al Prado Viejo sólo on boca de poetas de gala y pompa portento; que los ái boles del Soto tienden sus ramos sedientos del mermado Manzanares, al cauce arenoso y seco; que de Madrid el recinto, en su gran parte compuesto de casas á la malicia y de vetustos conventos, de amplios palacios escaso y falto de ricos templos, (le una catedral envidia los góticos ornamentos, os dirán, sin duda alguna, los que con enojos vieron que prefirió el gran Philipo á toda ciudad tal pueblo. Mas ye puedo aseguraros, sin que me arrastren á ello lisonjas que no usó nunca ni hipérboles que desprecio. que si el respirar los aires que la salud devolvieron entre otros vai- ios monarcas al rey Enrique el enfermo no valiera el sacrificio que hizo el que empuña el cetro de la mayor monarquía que todos los siglos vieron, lo valiera el confiarse á la custodia de pueblo que siempre mosti ó á sus, royos más cariño y más respeto. Por eso hoy, sin que me pare á encomiar y encareceros la cortesana alegría que á todas horas encuentro, ya en las fiestas de su Plaza Mayor, ya en sus Mentidoros, ora en sus verdes floridas, ya en los alegres festejos do Corrales do comedias, palenque do los ingenios, que harán de nuestro teatro pasmo de propios y ajenos, no he de ocultar mi alabanza al rey Felipe el tercero, que, mejor aconsejado, ha vuelto á fijar su asiento en villa que, entre otros timbres, cuenta el todavía fresco de haber servido do cárcel al rey Francisco primero. Por Ja cnpia, ÁNGEL E. CHAVES