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Quiero huir de los elogios inmoderados, tanto más refiriéndom. e á un Key que simboliza poder, fuerza, fortuna. Las palabras encomiásticas y laudatorias suelen además tomarse en estos casos como- hijas de la lisonja. Prescindiré, por tanto, de hacer una semblanza, y hasta de intercalar los sonoros adjetivos que acuden al punto de la pluma pior hábitos de construcción gramatical. La impresión que obtenga quien me lea será puramente T deductiva, resultado del juicio que forme por sí propio de los hechos y noticias que con lisura y llaneza me limitaré á consignar. El interés que siempre despierta la vida de un monarca, sube de punto cuando, como ahora, se trata de un Rey niño. El caso de Alfonso X I I I es particularísimo. La historia europea no registra otro ejemplo. J u a n I de Francia vivió sólo, algunos días; Enrique VI tenía un- año cuando sucedió á su padre en el trono de Inglaterra; Luis XV c o n t a b a c i n c o de edad al hei edar á Luis XIV. Nuestro soberano puede decirse que lo era antes de nacer. Hijo postumo, vio la luz primera á los cinco meses y veintidós días después de la muerte de su padre. Bn el carácter y t e m p e r a m e n t o del niño que ha de ceñir en sus sienes. dentro de tres años justos la corona de España, se descubren rasgos t í p i c o s de familia m. uy salientes. Tiene del que le dio vida EL REY, aquella ingénita cortesía que le hacía amable y atento con todo el mundo, su viveza de espíritu, la vehemencia en la frase y la serenidad para recibir á las gentes sin cortarse ni aturdirse. De su madre tiene la severa conducta, el discreto proceder, la corrección. Poseo igualmente una extraordinaria memoria fisonómicaf que es característica de todos los Berbenes. Tío necesita ver á una persona más que una vez para reconocerla en cualquier sitio, al paso veloz del carruaj e entre una multitud. Los que están cerca de las gradas del trono en días de recepción en Corte, oyen como, al desfilar los concurrentes, dice el Key á la Reina sus nombres y apellidos, ó sus títulos nobiliarios. La vida de T Alfonso X I I I es tan sencilla como conviene á su edad. Ajeno á las suntuosidades y cortesías palaciegas, nunca las molestias de la etiqueta vienen á estorbar su desarrollo físico ni su bienestar moral. Los días do fiesta oye misa en familia con S. M. la Reina y SS. AA. confiesa y comulga los primei os días de cada mes, y tanto al levantarse por la mañana como por la noche antes de acostarse, cumple con los deberes de buen cristiano, rezando con devoción sus oraciones. V i s t e ordinariamente de marinero; mas en las muy raras veces en que asiste á alguna extraordinaria solemnidad, pénese el uniforme de alumno de Infantería, sin ostentar otra condecoración que un pequeño Toisón de oro pendiente do una cinta. Es dócil y obediente con sus preceptores, y sobre todo con su augusta madre. No tienen más que decirle: Señor: S. M. la Reina ha dispuesto que se lo ruegue tal ó cuál cosa para q u e él inmediatamente proceda conforme á las indicaciones que recibe. Adelanta en sus SOLDADO estudios rápidamente. Conoce ya el idioma latino, traduce y habla con mucha corrección el francés y el inglés, y se expresa sin dificultad en alemán. Tiene cursadas las asignaturas de Aritmética, Algebra elemental, G- eomctría, principios do Trigonometría, Geografía, Histoi ia. de España é Historia Sagrada. La enseñanza qyio se daba antes á las personas