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DE SAN PEDRO DEL PINATAR Á MADRID Llegamos á San Pedro del Pinatar cuantío las modestas campanas de la aldea anunciaban al mundo la muerte del gran orador. Momentos antes de organizarse la comitiva, Encarnación Spottorno entró en la capilla ardiente, arrajando sobre el féreí tro un brazado de claveles rojos, claveles- benditos que la tierra crió, para que en un día tan señalado doblaran su tallo en señal de duelo sobre la tumba de un esclarecido patricio. A la salida de la quinta la gente del pueblo, rodilla en tierra y la cabeza descubierta, oró en silencio al pasar el cadáver. En la, plaza do San Pedro y delante de la iglesia iiizo alto la comitiva y se rezó un responso. En los balconos de la plaza multitud de cabezas asomaban con curiosidad y con respeto: las campanas seguían tocando á muerto, y allá á lo lejos, en el fondo de las palmeras, las pintorescas tartanas murcianas, que do los pueblos inmediatos habían traído á numerosos amigos y acompañantes, esperaban la terminación EL PJTTKR DB LOb S ü E s liK SEltVlíT, C fiVERTIDO EN COCHE FÚNEBRE del acto fúnebre para comenzar el desfile. Detrás del coche, del ursnio cocho donde pocos dias antes paseaba Castelar admirando aquellos verjeles, convertido en carro fúnebre, cubierto de negros paños y coronas que el cariño y la admiración colocaron guarneciendo los ángulos do la caja, marchaba el duelo, presidido por la familia Servet, dueños de la magnifica posesión donde vivió Castelar, D. Miguel Moya, los doctores Pulido y Forrero, D. Justo Martínez, los Sres. Spottorno, Cayuela 3 Ferrer, Rafael del Yal, y en las tartanas que á continuación seguían, oorrespon. i. cs do la prensa de Madrid y Murcia, entre ellos los activos y diligentes García Plaza y Mestre Martínez, Per i. arcía y mis compañeros Espaüa. Montenegro y Asenjo. Al llegar á San Javier, los vecinos del pueblo se dcscu. rieron respetuosamente. Algunas tardes Castelar con los señores do Se; vot recreaba su ánimo ante la espiílndida vega, donde todo crece y vivo en la fecundidad de una naturaleza t. in grande y generosa, que da al hombre todas sus ílure. todos sus frutoo. Recordando cuan grande era i- l placer que Castelar sentía ante la contemplación de la Naturaleza, nos refería el director de El Liberal que días antes hizo un párrafo eloouenie y magnífico como tolos los suyos: Todo lo gramle es hermoso, sublime- -decía, -todo lo pequeño es delicado; así el sol es grande, sublime, pero la luna es más poética, más soñadora; el Océano os inmcusu, peiu el Mediterráneo es el urar de la EL EXTliíllUO l- ASANIíO l OK SA. X JAVIER Grecia, de la civilización; el árbol del Norte es corpulento, magnífico; el del Mediodía es pequen p ro da nií. s fruto: un ciruelo en mi tierra da caramelos. Aquel mismo día, víspera de su mueno, Castelar escribió más de cien cuartillas con destino á la Revue In-