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R E V I S T A ILUSTRADA ASO IX MADRID, 30 DE MAYO DE 1899 2 0 CÉNTIMOS BXTBAORDINARIG Poiog. Nadar ASADOS los primeros momentos de estupor que hasta ese grado hubo de llegar el dolor de los buenos españoles, -pueden ya los ojos, antes nublados por las lágriMias, contemplar en toda su grandeza la colosal figura del h omhre ilustre, perdido para la patria. La prensa diaria rivalizando en nobilísima emulación por apuntar datos, fechas y rasgos; el telégrafo: y el cable trayendo demostraciones de dolor de todo el mundo culto; Ja misma muerte, gran maestra de la memoria, avivando en ésta elreouordo de los discursos incomparables, de la inníénsa obra literaria, de los gra, ndeB servicios prestados primero y antes que todo á la patria, redondean el nombre sonoro deCastélarj que pása á la Historia como todos los grandes nombres, sin más partículas ni tratamientos. La literatura contemporánea no presenta ejemplo de fecundidad semejante al que ofrece la obra- eólosal que empieza en los cuadros históricos de Los cinco primeros siglos del Cristianismo y acaba en la Historia de Europa del siglo XIX; en la tribuna española no ha resonado jamás, ni acaso, vuelva á oirse, palabra semejante á la que pronunció el grandioso apostrofe contestando á. Manterola; nunca el patriotismo de un gobernaiite, se puso aprueba como en los días iristes de 1873. Grande es la, obra del literato, del orador y del patriota; pero siendo su obra literaíria para el mundo entero, sus discursos para todos los países donde se habla la lengua castellana y su patriotismo solo y todo para nueátra nación, ¿orno patriota debemos honrarlo más y mejor, yá qué én ése concepto solamente los españoles podemos honrarle. L. R. T. P